Sugerencias para leer Apocalipsis
Lo primero, antes de iniciar el estudio del libro, será emprender su lectura un par de veces, preferentemente en dos versiones, por ejemplo Reina-Valera y la Versión Popular.
Leyendo todo Apocalipsis de una vez, y repitiendo su lectura en una segunda oportunidad, nos comenzaremos a familiarizar con su lenguaje, con la estructura del libro, y comenzaremos a descubrir cómo fluye el relato.
Recomendamos realizar cada una de estas lecturas de corrido, preferiblemente sin detenernos, pero con toda nuestra atención puesta en el relato. La primera lectura nos ayudará a familiarizarnos con el lenguaje, y la segunda, realizada al día siguiente, por ejemplo, nos permitirá avanzar en el propósito de ir descubriendo la variedad de símbolos y figuras que llenan las páginas del libro.
Veremos que el libro comienza como si fuera una carta dirigida a las siete iglesias de Asia. Luego de la introducción de los primeros tres versículos hallaremos el comienzo formal de la carta: el nombre del escritor, los destinatarios, el saludo de forma y una doxología. Continuamos leyendo y descubrimos que la forma epistolar concluye con el capítulo tres, pues desde el cuatro en adelante quedamos sumergidos en un relato de estructura apocalíptica hasta la conclusión del libro, en donde, en el último versículo encontramos la salutación final.
Es decir que no se trata precisamente de una carta, pero la forma epistolar se justifica por el mensaje para la iglesia, que media entre la ascensión de Jesús a los cielos luego del triunfo de la cruz, hasta la consumación final su victoria.
Apocalipsis se escribe tarde en el siglo primero, cuando casi todo el Nuevo Testamento ya ha sido escrito y las iglesias están sufriendo persecuciones. Son tiempos difíciles, pues el sistema romano rechaza frontalmente al cristianismo que está creciendo vigorosamente en todo el territorio imperial. La fe de los cristianos habrá necesitado ser fortalecida para que los creyentes no pensaran que el entonces poderosísimo imperio, en apariencia invencible, terminará destruyendo una iglesia indefensa, desprovista de poder político y militar. Y entonces Juan tiene la visión en la isla de Patmos en donde está confinado por el emperador, cuando el mismo Señor se manifiesta al profeta con el mensaje optimista de Apocalipsis.
El libro proclama el triunfo permanente de Jesucristo. No se trata meramente de que triunfará al fin, sino que es el vencedor constante y su victoria se manifiesta a través de todo el libro, desde la primera hasta la última página.
Por eso, Apocalipsis es el libro preferido de la iglesia de todos los tiempos, particularmente en los momentos difíciles cuando los poderosos del mundo la enfrentan. Es entonces cuando los creyentes hallan particular consuelo en su lectura. Veremos oportunamente que la iglesia no sólo sufre persecución del poder político (el monstruo que sube del mar), sino también de una forma más sutil del agente diabólico de la persuasión (el monstruo que sube de la tierra), para inducirla a obedecer al dragón cuando todo parece ser favorable. Es entonces cuando crece nuestra convicción de la importancia de la lectura del libro de Apocalipsis.
Es necesario comprender que hoy necesitamos de su lectura, y con sencillez de corazón debemos disponernos a recibir el mensaje de Dios que nos ofrece el Cordero que ha sido muerto y vive para siempre. Es el Cordero como inmolado, que es también el León de la tribu de Judá. Ya lo dice al comenzar: "La revelación de Jesucristo, que Dios le dio", y esto para que seamos conscientes de su victoria total.
Apocalipsis da significado a todo el Nuevo Testamento: por él sabemos que el diablo ha recibido una herida de muerte, y habrá de morir. Sabemos que la muerte ha sido derrotada, y será destruida. La impiedad de las naciones será juzgada, y Jesucristo, el jinete del caballo blanco que salió triunfante para seguir triunfando, quien es Fiel y Verdadero, derrotará al mal y a la injusticia, y este universo deteriorado por el pecado, dará lugar a uno nuevo donde todo será justo y bueno. Y a la humanidad redimida le estará reservada una tierra nueva y cielos nuevos.
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