DESIDERIO = Dijo Jesús: No desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues les digo que en el cielo los ángeles de ellos están siempre en la presencia de mi Padre celestial.
MARGEN DERECH = San Mateo 18:10
PRIMERPARRAFO = Etimológicamente el término ángel significa, tanto en hebreo como en griego, "mensajero".
No es el propósito aquí incursionar en los vericuetos de la angeología, sino pensar brevemente en las palabras de Jesús registradas en el Evangelio de San Mateo.
Básicamente los ángeles son seres celestiales, sobrenaturales y espirituales. Es imposible describirlos; el lenguaje hermético y críptico de la Biblia cuando se ocupa de ellos, no permite precisiones. Sólo se puede acceder a definiciones y descripciones genéricas y eso contribuye a que se los defina en términos antropomórficos. Hasta tal punto llegó esta inquietud en épocas pasadas, que con un sutil espíritu bizantino, mientras Mahomet II tomaba por asalto los muros de Constantinopla y la Edad Media agonizaba, los teólogos de la catedral de Santa Sofía, sesudamente discutían sobre el sexo de los ángeles, como una cuestión excluyente de sus cavilaciones.
Sin embargo, un detalle que nunca falta en la iconografía de todos los tiempos son las alas, detalle anatómico que tiene su asidero en las páginas de la Biblia. Algunas de estas referencias dicen que cuando Dios sacó al hombre del jardín del Edén, por la desobediencia de Adán y Eva, puso en sus puertas como custodios a "unos seres alados". También tenían alas los dos querubines que Bezaleel labró a golpe de martillo, en oro puro, para la tapa del arca del pacto. Y los serafines de la visión de Isaías tenían seis alas, con dos se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies y con las otras dos volaban. No obstante, más que un elemento anatómico, debieron tener el sentido de un símbolo.
Es llamativo que frente a la ambigüedad y falta de precisión sobre la esencia y la figura de los ángeles, siempre indefinidos, en algunas ocasiones se los identifique y se los personalice con nombres propios. En los libros protocanónicos así se los menciona, el ángel que en dos oportunidades habló con Daniel se llamaba Gabriel, el mismo que anunció a Zacarías el nacimiento de Juan y a la virgen María el nacimiento de Jesús, según refiere Lucas. En el libro de Daniel también se menciona por su nombre al ángel Miguel, lo mismo que en el Apocalipsis. En uno de los libros deuterocanónicos, más precisamente Tobías, se habla del arcángel Rafael.
A los ángeles se los cita muchas veces en el Antiguo y Nuevo Testamento, desde el comienzo del Génesis hasta el final del Apocalipsis, cumpliendo las más diversas actividades; sirvieron a Dios y acompañaron a los hombres, a través de todas las páginas de la Biblia, en la gran aventura de la vida.
Están estrechamente unidos a la vida de Jesús. Predicen y anuncian su nacimiento, lo protegen en su infancia, lo asisten en la tentación, están listos para defenderlo, lo confortan en Getsemaní, remueven la piedra del sepulcro, anuncian la resurrección y la segunda venida.
Pero más allá de estos encuentros circunstanciales entre los ángeles y el hombre y de lo cerca que estuvieron siempre de Jesús, ellos fueron también protagonistas principales en el drama cosmológico de la redención, patentizado en la figura del ángel caído.
REGULADOR = Los ángeles aparecen en la Biblia en ocasiones, además de mensajeros, como protectores y guardianes de los hombres. Este pensamiento es inequívoco en las palabras del salmista: "el Señor mandará que sus ángeles te cuiden por donde quiera que vayas".
REGULADOR II = Algunas circunstancias han cambiado desde los tiempos veterotestamentarios y de los días apostólicos. Es así que, los ángeles ya no hablan con los hombres, ya no se encarnan, pero hay otras cosas que no cambian, que "no pasan", como ocurre con las palabras de Jesús, permanentes e inmutables.
Fue en Capernaum -ciudad querida por Jesús, en donde estaba su casa, donde había vivido los tres años de su ministerio y que fue el centro de su predicación en la comarca, donde vivían también algunos de sus discípulos que él había escogido y donde hizo numerosos milagros curando diversos enfermos- cuando hablando de los niños a los que amó entrañablemente, les dijo admonitoriamente a sus discípulos: "No desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues les digo que en el cielo los ángeles de ellos están siempre en la presencia de mi Padre celestial".
Los ángeles de ellos en el cielo -qué duda cabe- son sus protectores y guardianes, son sus ángeles de la guarda. Esta es la única referencia categórica y explícita de su existencia y, sugestivamente, está referida a los niños. Son unas de esas palabras de Jesús "que no pasan".
Debe ser por el significado y sobre todo por el sentido que encierran estas palabras de Jesús, que en la infancia los ángeles se sienten más cercanos, más cerca de su inocencia. De esa inocencia que los vuelve vulnerables frente a los peligros del mundo y de la vida.
Los ángeles no sustituyen el cuidado de Dios para con sus criaturas, sino que son instrumentos que en sus manos cumplen con su voluntad. Los ángeles de ellos: el ángel de la guarda, que Jesús les reserva como un especial don a todos los pequeños.
Ese ángel, que durante la infancia de cada niño, por las noches, veló su sueño y que en sus días estuvo a su lado como una presencia protectora.
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