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El lugar de lo sagrado en la terapia

por CARLOS HERNANDEZ

El autor es médico psicoterapeuta en la ciudad de Posadas en la República Argentina. El Dr. Hernández es también docente en el nivel terciario sobre temas relacionados a “Psicología y Religión”.

DESDE SIEMPRE la relación de ayuda se ha vinculado con el misterio. Múltiples explicaciones se han dado sobre la causalidad última que inician los procesos del enfermar, pero lo último es siempre un misterio. Aunque la ciencia se ha desarrollado en una forma increíble en los últimos años, ella no ha podido despejar el fondo que subyace en toda curación.

La discusión científica contemporánea con harta frecuencia procura formular un discurso estructurado en un reduccionismo psicológico que niega lo espiritual. Desde la otra orilla se escucha el discurso de un renovado fundamentalismo estructurado en un reduccionismo espiritual que escamotea lo psicológico. Por todo lo manifestado, es importante recuperar una antropología judeo-cristiana que afirma la unidad psico-espiritual del hombre.

El cristiano encarna la palabra de la revelación; su conducta expresa, permanentemente, la polaridad psico-espiritual como parte de una unidad total. Esta polaridad se desenvuelve en un círculo hermenéutico que sucesivamente relaciona la persona consigo mismo, con su prójimo y con Dios.

Cada uno de estos diferentes vínculos se establecen por una misma estructura polar psico-espiritual. Es decir, de la forma que me encuentro conmigo mismo es también como me relaciono con Dios, además de ser la forma como lo hago con mi prójimo. La Biblia es bien clara en estas afirmaciones: “El que no ama a su hermano a quien vé, cómo puede amar a Dios a quien no vé” 1a. Juan 4:20.

Lo sagrado

Marcel dice que al hombre, en ocasiones se le presentan problemas, es decir situaciones que procura resolver a través de su inteligencia. Un ejemplo de ello sería cómo resolver su vivienda; es entonces que este se dispone a construir mediante el desenvolvimiento de sus conocimientos, una casa. En otras ocasiones se le presentan al hombre misterios, situaciones que le provocan asombro y en las que la inteligencia fracasa en su intento de resolver la emoción causada. Por ejemplo: la reacción del hombre ante la muerte, ante los eventos cósmicos o ante la alegría de vivir.

Cuando hablamos de lo sagrado aludimos al misterio. A esos aspectos de la existencia humana en donde la razón se muestra incompetente. Lo sagrado señala todo aquello que trasciende al hombre y en lo cual busca una relación con el Ser Supremo. En forma resumida diremos que lo sagrado es el ámbito que existe en toda cultura y por consiguiente, en toda persona, en el cual se trata de trascender lo sensible o material de la existencia, procurando la presencia de Dios.

Esta búsqueda se conforma en lo más profundo de la psiquis humana y se expresa particularmente a nivel de una experiencia conviccional, no de un conocimiento racional; experiencia que puede ser personal y/o comunitaria.

La experiencia es un tipo de saber adquirido mediante una relación práctica con las cosas, las situaciones o las personas. El concepto de experiencia expresa el componente empírico e inmediato de este tipo de conocimiento; en él el hombre se encuentra interpelado por lo otro. Lo sagrado siempre implica una experiencia convencional.

En toda cultura hubo personas ligadas a la tarea de curar; estas personas con distintos nombres, tuvieron destrezas en los conocimientos conviccionales. En la Grecia antigua estaban los mitagogos que enseñaban a través de los mitos de la época; con esta enseñanza desarrollaban habilidades para manejarse en la vida cotidiana.

En otro contexto, el pueblo hebreo educaba a sus niños con las historias sagradas que contaban de la gracia de Dios para con su pueblo elegido. En la actualidad, el Espíritu Santo nos ilumina para entender los relatos de la revelación bíblica.

Con el nacimiento de la psicología, se recupera un modo de aprender que no surge del análisis racional objetivo, sino que es un aprender que surge del desarrollo histórico de una emoción. La psicología procura entender el lenguaje de las emociones y como tal, es heredera de lo que por milenios se llamó “cura de almas”.

En cambio el psicoanálisis o la psicología profunda, estudia el destino de la pulsión, los avatares que sufre el Deseo en su procura de manejar la realidad. Lo mismo que la mística, el psicoanálisis descubre la infinitud del Deseo, lo insaciable de todo anhelo por establecer vínculos. De este modo, tanto el psicoanálisis como la mística, concluyen por diferentes caminos que el destino del Deseo es Dios.

Como ha dicho un autor recientemente, lo que anhelamos desde lo más profundo de nuestro ser, es ver el rostro de nuestro Creador y Redentor.
Luego, la psicología, el psicoanálisis o las psicoterapias en general, lo que tratan es de hacer más comprensible lo sagrado que hay en todos. En otras palabras, se trata de preparar el camino del Señor.

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