HABLANDO EN FAMILIA
* En este número incluímos una colaboración del querido hermano que ya está con el Señor, el profesor Alejandro Clifford, sobre el tema “El Problema del mal”, que hemos tomado de Pensamiento Cristiano. Para la fecha en que se escribió este Casos y Cosas, ya había comenzado a tener dificultades con su vista y comenzó a visitar sus médicos, comprobándose después que el problema era debido a un tumor en la base del cerebro que realizaba compren¬sión sobre el nervio óptico. Los especialistas no demoraron en hacer el diagnóstico preciso, y recomendaron la cirurgía para la solución del problema.
* Quienes estuvimos cerca de él en este tiempo, pudimos apreciar su tranquila confianza en Dios. Nadie va así como si nada a una operación de cerebro. Demostró que lo que había escrito sobre el ministerio del sufrimiento y el problema del dolor, representaba para él una auténtica experiencia en su vida, y que afrontaba la prueba que se avecinaba con la fe en su Señor. Lo visitamos en el Hospital al día siguiente de su operación ¡la cirugía había triunfado! Dios había escuchado nuestras oraciones! No habríamos de perder al amigo y hermano en Cristo, entonces. Fue emocionante el reencuentro, la convalescencia, compartir la experiencia que lo llevó al umbral de la tumba. Dios quiso conceder al hermano Clifford un tiempo más entre sus hijos, sus nietos y sus hermanos en la fe. ¡Cómo revaloramos su amistad desde entonces!
* Sin embargo los pensamientos del Señor son más altos que nuestros pensamientos, y sus caminos son inescrutables. En el mes de Enero de este año, la recuperación de nuestro hermano parecía lograda plenamente. Había trabajado fuerte para enviar a la imprenta el N.99 de Pensamiento Cristiano y había logrado con¬cluir la redacción del número de Decisión que pronto entraría en prensa. Ya estaba planificando su trabajo para el futuro, cuando el 12 de febrero a la madrugada, inesperadamente, Dios lo llamó a su presencia. ¡Qué duro impacto cuando recibimos la noticia! Sin embargo no nos quedaba otra cosa que decir: El Señor dió, el Señor quitó ¡sea el nombre del Señor bendito!. Teníamos sobradas razones para dar gracias a Dios por haber disfrutado de la amistad de un cristiano que enriqueció nuestra vida. Un hombre íntegro, un hermano cabal, cariñoso y comprensivo, un incansable estudioso de la Biblia, un amigo fiel. El Director y los Redacto¬res de Compromiso Cristiano rendimos un homenaje al gran perio¬dista y hombre de Dios, colaborador y amigo, publicando en este número su trabajo sobre “el problema del mal”.
* Sobre el sufrimiento humano no podemos hablar con autoridad desde una perspectiva meramente teórica. En mayor o menor grado, todos quienes somos cristianos, tenemos que sufrir en alguna medida. No es posible ser un cristiano auténtico sin tener que sufrir por serlo. Porque seguir a Cristo significa andar por el camino angosto, negarse a sí mismo, tomar la cruz cada día y transitar por el mismo camino de servicio, de amor, de entrega.
* Comprendemos que el problema de la prensencia del mal encierra para nosotros misterios impenetrables. La Palabra de Dios plantea hechos concretos, y no hallamos respuestas a muchas preguntas que nos formulamos. Es evidente que se trata de una realidad que está fuera de nuestra capacidad de comprender en su totalidad. Pero también es cierto que en las Escrituras hallamos todo lo que necesitamos conocer para enfrentar “el problema del mal” como Dios quiere que lo hagamos, sostenidos con el poder del Espíritu Santo, guiados por el ejemplo del Señor Jesucristo, e instruídos por sus enseñanzas. En el seno de la iglesia, la familia de Dios en este mundo, es donde hallaremos el ambiente adecuado para mitigar el dolor, en la comunión fraternal.
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El Problema del mal

