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No tengo tiempo para orar

Es indiscutible la presión del tiempo sobre los hombres y mujeres de hoy. Dobles trabajos, horas extras, largos viajes en ómnibus, reducen nuestro tiempo libre, así que naturalmente concluimos que no nos queda tiempo para orar. Pero apenas examinamos un poco el problema de cómo distribuimos nuestro día de actividades, nos damos cuenta que no será difícil obtener treinta minutos tranquilos para la lectura de la Biblia y la oración personal.

Por lo tanto, alegar que no tenemos tiempo, es simplemente una excusa, y lo hallaríamos para realizar muchas otras tareas. ¿No valdría la pena preocuparse para que cada día pudiéramos disponer, por lo menos treinta minutos para leer la Biblia, meditar en su mensaje y entregarnos a la oración? Será importantísimo que se trate de un momento particularmente tranquilo, en el que no seamos interrumpidos, inviolable. Seguramente que nuestro día tiene en algún lugar esos minutos que reservaremos para nuestra comunión íntima con Dios.

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