Estimado director:
El tema del pentecostalismo es muy oportuno para el tratamiento en su revista y también genera algunos conflictos que deben ser enfrentados. Por ejemplo mire lo que me ocurrió y que paso a contarle.
Hace unos días me encontré con un viejo amigo, pentecostal de pura cepa. Al verme me abrazó y me impartió bendiciones para mí y mi familia. Como en otras oportunidades su efusividad me inhibió un poco, pero como somos viejos amigos pronto me repuse y al rato estábamos hablando animadamente.
Así es me decía estuve muy enfermo de los huesos pero el Señor me sanó y no necesité ir al médico.
Bueno, yo también tuve unos problemas digestivos le contesté pero gracias a Dios con unos remedios que me recetaron ya estoy mejor.
El continuó contándome otras experiencias pero yo me quedé pensando y escuchándolo a medias. “Él no fue al médico y se lo ve bien, parece curado. Yo fui al médico y también me estoy curando. ¿Quién actuó bien? ¿quién tuvo una fe más racional él o yo? Después de todo, ¿debe ser racional la fe? ¿cura Dios a través de los médicos o su sanidad actúa milagrosamente sin necesidad de ellos? ¿debemos recurrir primeramente al médico y si no nos curamos orar pidiendo sanidad? ¿o al revés? ¿o quizás orar antes y después de ver al médico?”
Ya estaba medio mareado de tantas preguntas que brotaban sin interrupción de mi confusa mente, cuando escuché a mi querido amigo decir:
¡Hey, Desiderio! ¿qué te sucede? Te hablo y pareces estar en otro mundo. Te noto muy preocupado y distraído. Deberías consultar a un buen médico.
Sí, sí le contesté y de paso no te olvides de orar por mí.
Nos abrazamos y me volvió a bendecir. Sin saberlo, con su frase final, mi amigo me había aliviado el conflicto que me había tenido mareado por un buen rato.
Y ya termino, no sin antes recomendarle que no trabaje tanto pues el stress laboral nos enferma y debemos vivir vidas sanas.
Su saludable amigo
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