Tomado de la revista “His” y traducido por Daisy de Zandrino. El autor de este artÃculo es pastor en la ciudad de Palo Alto, California.
Estudio de Romanos 5:1-10
1)”Asà pues, libres ya de culpa gracias a la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
2) Pues por Cristo gozamos del favor de Dios por medio de la fe, y estamos firmes, y nos alegramos con la esperanza  de tener parte en la gloria de Dios.
3) Y no sólo esto, sino que también nos alegramos en el sufrimiento; porque sabemos que el sufrimiento nos da firmeza para soportar,
4) y esta firmeza nos permite salir aprobados, y el salir aprobados nos llena de esperanza.
5) Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha llenado con su amor nuestro corazón por medio del EspÃritu Santo que nos ha dado.
6) Pues cuando nosotros éramos incapaces de salvarnos, Cristo, a su debido tiempo, murió por los malos.
7) No es fácil que alguien se deje matar en lugar de otra persona. Ni siquiera en lugar de una persona justa; aunque quizás alguien estarÃa dispuesto a morir por una persona verdaderamente buena.
8) Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavÃa éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.
9) Y ahora, libres ya de culpa mediante la muerte de Cristo, con mayor razón seremos librados del castigo final por medio de él.
10) Porque si Dios, cuando todavÃa éramos sus enemigos, nos puso en paz consigo mismo mediante la muerte de su Hijo, con mayor razón seremos salvados por su vida, ahora que ya estamos en paz con él”.
(Dios Habla Hoy, V.P.)
¿POR QUE SUFREN LOS CRISTIANOS?
El tema para este estudio de Romanos 5 apunta a cómo manejarnos en el sufrimiento. Si has sido justificado por la fe entonces obtendrás algunos resultados, los cuales vienen en etapas o niveles de madurez.
Leamos los vv. 1 y 2. La alegrÃa (regocijo) viene inmediatamente. Viene porque vamos a estar con el Señor. Tenemos una esperanza para el futuro, esperanza más allá de la muerte. Ese es el paso inicial del crecimiento cristiano. Pero Pablo sigue. Hay algo más. De la lectura de los vv. 3-5 deducimos que el cristiano debe experimentar el sufrimiento. No nos gusta, pero es asÃ. Asi que los que creen que al hacerse cristianos se verán libres de sufrimiento, están equivocados. La tribulación o angustia puede oscilar entre leves fastidios diarios y desastres mayores que nos vienen de repente y que nos dejan golpeados, abrumados.
De acuerdo con Romanos 5 el cristiano debe responder al sufrimiento con regocijo, v.3 (nos alegramos v.2) “y no sólo esto sino que también nos alegramos”.
Es aquà donde muchos cristianos se rebelan (se empacan, resisten, se ven frustrados). Dicen: “no comprendo; ¿me quieren decir por qué Dios pretende que cuando estoy en el dolor, pasando por tormento mental y fÃsico, El espera que yo esté contento, feliz, que me regocije? ¡Eso no es natural, no es humano!
LO QUE NO QUIERE DECIR
Mirémoslo más detenidamente. No se trata simplemente de estoicismo (estoicismo = doctrina filosófica de Zenón, dominio sobre la propia sensibilidad: soportar males con indiferencia, obedecer a la razón y ser indiferente al placer o al dolor). No es cuestión de aguantar y sonreÃr o ver hasta cuánto puedes aguantar; ni tampoco es “no dejes que esto te deprima”. Mucha gente piensa que si hace esto cumple con Dios regocijándose en el sufrimiento. Pero no es asÃ, a veces los inconversos nos avergüenzan por las cosas que pueden aguantar sin quejarse. Regocijo en el dolor no es estoicismo.
¿Qué otra cosa no es? No se supone que debemos disfrutar el dolor. Algunos creen que “regocijarse en el dolor” significa que tienen que estar contentos cuando ocurre una terrible desgracia que les desgarra el corazón. Eso no es lo que dice Pablo. Algunos no están contentos si no están sufriendo. Si les frustran en su desgracia se sienten decepcionados, fracasados, porque eso les daba la sensación de regocijo. Eso es un enfoque distorsionado en la vida. Ese no es el enfoque cristiano.
Tampoco dice Pablo que finjamos estar contentos. Algunos piensan que, en público, debemos tener una sonrisa artificial y simular regocijo cuando por dentro el corazón nos duele terriblemente. Eso tampoco es. El cristianismo nunca es una farsa. Ni los apóstoles, ni las escrituras nos piden que no seamos genuinos. El pasaje aquà nos dice que debemos tener un genuino sentir de gozo. En el momento exacto de la desgracia no vamos a regocijarnos, pero vendrá luego, si estamos mirando al Señor.
El cristianismo nunca es una farsa. Ni los apóstoles, ni las escrituras nos piden que no seamos genuinos.
Alguien dijo esto muy claro una vez. Una persona estaba pasando por una gran prueba y debieron amputarle una pierna, esto no detuvo su enfermedad y finalmente murió por causa de ella. Pocos dÃas antes, le visité y nunca olvidaré lo que me dijo: “nunca hubiera elegido ninguna de las pruebas por las que pasé, pero ahora digo que por nada del mundo me las hubiera perdido”.
Ese es el meollo de la cuestión: Se daba cuenta que su sufrimiento le habÃa dado algo de supremo valor; por lo tanto no se lo hubiera querido perder. Eso es regocijarse en el sufrimiento.
¿Cómo se llega al punto donde puedes gozar en el dolor? Este pasaje lo explica asÃ:
“…nos alegramos en el sufrimiento, porque sabemos…”. No es que sea placentero que nos duela algo. Es lindo porque sabemos algo. Es algo que la fe nos capacita para saber. Una especie de información de adentro, que otros no disfrutan, que otros no poseen. ¿Y qué es lo que sabemos? (v.3) “sabemos que el sufrimiento produce…”. El sufrimiento hace algo, efectúa algo. Es productivo. Es de valor. Sabemos que rinde y eso es lo que nos alegra.
Observa a una mujer de parto; la expresión de su rostro expresa dolor. Nos sentimos impotentes, porque vemos que está soportando tanto sufrimiento. Y sin embargo, por lo general, está mezclado con su alegrÃa, porque sabe que el parto produce una criatura. El sufrimiento produce algo valioso. ¿Pánico o perseverancia?
El sufrimiento hace algo, efectúa algo. Es productivo. Es de valor. Sabemos que rinde y eso es lo que nos alegra.
Entonces, ¿qué es lo que produce el sufrimiento? San Pablo dice que produce cuatro cosas:
Primero, (v.3 - RV) “La tribulación produce paciencia”; (VP) “El sufrimiento nos da firmeza para soportar”. Una palabra griega para paciencia, “hupamone”, significa “morar bajo”,”quedarse bajo la presión”. No nos gusta permanecer bajo algo que nos aprisiona, pero el sufrimiento nos enseña a quedarnos debajo, a soportarlo.
Perseverancia es lo opuesto a pánico.
La mejor traducción para “hupamone” serÃa entereza, estabilidad, firmeza. El sufrimiento produce entereza.
Cuando yo era muchacho vivÃa en la montaña y solÃa ayudar a un hombre a domar caballos, me interesaba observar la reacción de los potros cuando echaban la montura sobre sus lomos. Debe ser una experiencia que asusta mucho a un animal. No saben qué les está sucediendo. Algunos caballos reaccionan con enojo, retroceden, tratan de zafarse y aún patear a su entrenador. Se les ensanchan las ventanas de la nariz, ponen los ojos en blanco, están asustadÃsimos, tienen pánico.
Otros sencillamente se quedan parados, temblando, sacudiéndose como una hoja. No se mueven. Están asustados, ¡No saben qué les está pasando!
Creo que los cristianos reaccionan asà también. ¿Te acuerdas cuando sobrevino la primera prueba después de convertirte? Qué fácil te asustabas y llorando preguntabas: ¿Señor, qué ha pasado?
TenÃas pánico y temÃas que todo se vendrÃa abajo y se destruirÃan tus esperanzas y tus sueños.
Te sentÃas como los discÃpulos en la barca en el mar de Galilea, cuando rugÃa la tormenta. TenÃan pánico. Fueron a Jesús y sacudiéndolo le dijeron: ¡Despierta! ¿No ves que nos hundimos? y el Señor hizo como hace con algunos de nosotros. Se puso de pie y dijo: “No temáis” y luego le habló a la tormenta: “¡Calla, enmudece!” y vino la calma.
Eso es lo que hace el sufrimiento. Te estabiliza. Pasas por un momento asà y estás lleno de pánico, luego el Señor tranquiliza la tormenta y piensas: “Gracias a Dios que todo pasó, nunca tendré que pasar por eso otra vez. He aprendido mi lección”. Y semanas más tarde hay otra tormenta. Pero esta vez ya lo has experimentado y te estabilizas un poco. Ya no tienes tanto pánico.
Aprendes algo. Primero aprendes de tà mismo. Aprendes que no eres tan fuerte como creÃas, que no eres tan valiente. QuerÃas salirte mucho antes de lo que creÃas.
Luego aprendes algo del Señor; aprendes cuán misericordioso es. Te das cuenta cómo soñabas. Asi que la tercera o cuarta vez que viene una prueba, ya estás mucho más calmo, más estabilizado. Ya no te da pánico y no tratas de escapar. Puedes dejar que la cosa se arregle por sà sola. Eso es lo que dice Pablo. El sufrimiento produce estabilidad. Si no hubieras sufrido, nunca habrÃas aprendido esa cualidad. Sello de aprobación.
Segundo: Pablo dice que el sufrimiento no sólo produce estabilidad, sino que produce el salir aprobados.
La palabra griega para prueba es “dokimen” que significa el haber sido puesto a prueba y haber salido aprobado. Es la idea de haber demostrado que somos de confianza. La estabilidad produce aprobación. Por fin aprendes que no vas a ser destruido, que el asunto va a resultar, que las cosas se van a arreglar. EstabilÃzate, afÃrmate y la gente empezará a confiar en tÃ. Ven que hay fuerza en tÃ, y tú empiezas a ser una persona confiable.
Supongo que todos hemos visto en televisión algunas propagandas de cubiertas para autos. Equipan un auto con cuatro gomas y lo somenten a horribles pruebas, sobre caminos con piedras puntiagudas, con pozos profundos sobre tablas con clavos filosos. A las cubiertas se las tuerce, se las estira en todas formas y uno se admira al ver lo que pueden aguantar. Después de la prueba levantan la goma y nos la muestran, y está como si nunca la hubieran sacado de su envoltura.
Luego la propaganda dice: compre cubiertas XX. Han sido probadas, ¡y aprobadas!
Bueno, eso es lo que significa esta palabra “dokimen”. Dios te está construyendo de modo que te pueda levantar y decir: Está probado, ¡y aprobado!
Tercero: Esperanza para el presente. Vemos que el sufrimiento produce estabilidad, la estabilidad produce aprobación y la aprobación produce esperanza, asà que volvemos al v.2 donde dice que nos alegramos en la esperanza, en la esperanza de saber que Dios nos ama aunque no tenemos valor y somos inútiles. ¿Cuál es el lugar donde aprendemos que Dios nos ama? Es en la cruz, allà vemos dos cosas.
1) te ves a ti mismo, como dice San Pablo “inútil”, “incapaz”. Si hubiera otra forma de llegar a Dios, nunca hubiera existido una cruz. Pero la cruz es el testimonio de que no hay otra forma. Por eso dice: “A su tiempo murió por los impÃos”. En ese momento de la historia Dios demostró ampliamente a todo el mundo que el hombre no se podÃa salvar a sà mismo.
Los grandes profetas de Israel habÃan hablado, pero eso no ayudó. Grandes filósofos griegos habÃan enseñado, pero eso no sirvió.
Los romanos habÃan invadido con su gran fuerza militar y se impuso la ley y el orden sobre todo el mundo que existÃa en ese tiempo, y eso y eso tampoco sirvió. Entonces vino Cristo, y en el momento indicado, murió en la cruz para que los hombres pudieran darse cuenta qué inútiles e incapaces eran para salvarse a sà mismos.
2) Cuando miramos la cruz nos damos cuenta qué distintos somos a Dios. No somos como El. No actuamos como El. TendrÃamos la capacidad, pero no lo hacemos. A veces queremos, pero no lo hacemos. Estamos involucrados en cosas que nos dañan. Estamos destruyéndonos a nosotros mismos y a otros. Nos descubrimos egoÃstas, y nos damos cuenta que fue nuestro pecado, el tuyo y el mÃo, que clavó a Jesús en la cruz. No era su propio pecado, sino el tuyo y el mÃo. Allà aprendemos que somos enemigos de Dios; enemigos que saboteamos el plan que Dios tenÃa para ayudarnos, arruinando todo lo que El trataba de hacer para alcanzarnos.
Por años luchamos y nos resistimos a los esfuerzos que Dios hace para amarnos y atraernos a sà mismo. Y sin embargo, es en la cruz que tenemos el más claro testimonio de que Dios nos ama. “De tal manera amó Dios al mundo que dio a Su hijo”. Jesús vino para atravesar nuestra desesperación, debilidad, vergüenza, dolor y pecado. Toda la ruina y desastre del hombre. Vino para mostrar a un Dios que amó a la humanidad y que no la querÃa dejar perecer.
Cuarto: Posibilidad en potencia.
Aquà llegamos a la cima del argumento de San Pablo. Si realmente conociste el amor de Dios cuando creÃste, cuando te hiciste cristiano, cuando eras enemigo, desvalido, incapaz, sin poder, cuánto más puedes contar ahora con el hecho de que Dios te ama, que eres su hijo.
Pablo está argumentando de mayor a menor. Si Dios pudo amarte cuando era evidente que no lo merecÃas, cuánto más puedes contar con su amor ahora que sabes que eres amado por El.
Por lo tanto, este sufrimiento no viene a tu vida porque Dios está enojado contigo. Viene porque te ama. Viene del corazón de un Padre que te hace pasar por un tratamiento que necesitas irremediablemente para crecer y llegar a ser la persona que desesperadamente quieres ser. Y El te ama lo suficiente para no abandonarte, sino que te hará pasar por ese tratamiento. Por lo tanto, no es su enojo lo que estás experimentando sino su amor.
Cuando entiendas esa verdad, entonces te puedes regocijar porque sabes que el sufrimiento producirá las cosas que te harán lo que quieres ser. Y al entender que esto viene de la mano amorosa de Dios, El, por medio del EspÃritu Santo, derramará su amor en nuestros corazones para estabilizarnos y envolvernos, y hacernos fuertes y felices, regocijándonos en su amor.
Publicado por: Administrator
Categorias:
Dolor
Imprimir | 
