Por ENRIQUE ASENSIO
La falta de paz interior se refleja muchas veces en nuestra
relación con los semejantes. Hay algo que debemos cambiar.
En varias oportunidades he oÃdo decir a mi querida suegra, cuando escucha o ve un problema entre personas, la frase: “poniendo amor todo se soluciona”. Dostoievski escribe “El amor en acción es mucho más terrible que el amor en los sueños”.
Santiago en su carta (4:1) nos hace una pregunta y a renglón seguido nos da la respuesta: “¿De dónde vienen las guerras y las peleas entre ustedes? De los malos deseos que siempre han luchado en su interior.”
Es evidente, entonces, que esa falta de paz interior se refleja muchas veces en nuestra relación con los semejantes. Hay algo que debemos cambiar.
Jesús nos dice: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más importante y el primero de los mandamientos. Y el segundo es parecido a éste; dice: Ama a tu prójimo como a tà mismo”. Mt.22:36-40.
Es importante ver el orden de los mandamientos, primero amar a Dios y luego a nuestro prójimo; lo segundo consecuencia de lo primero. Un amor tal hacia Dios, que domine nuestras emociones y dirija nuestras acciones, un sentimiento que se manifieste en una entrega y devoción total a Dios y servicio a los hombres. Pero Jesús va mucho más allá; no se conforma con el amor espontáneo que brota en nuestro ser, amor entre amigos. El quiere de nosotros ese amor que depende de nuestra voluntad, que requiere nuestro esfuerzo, que cuando lo logramos constituye una victoria frente a los sentimientos que brotan espontáneamente, un triunfo de buena voluntad.
Jesús nos amplÃa el mandamiento de amor a nuestro prójimo, incluye a nuestros enemigos diciendo: “Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los insultan”  Lc.6:27-28.
Jesús mismo nos enseña, en la parábola del Buen Samaritano, que
nuestro prójimo no sólo es un miembro de nuestra familia,iglesia,
barrio, o cualquier comunidad en la que nos relacionamos, sino
que puede no tener ninguna relación con nosotros, incluso puede
ser nuestro enemigo; es cualquier persona en necesidad y que de
alguna manera podemos ayudar. ¿Cuál es entonces nuestro deber?:
amarlo, pero que ese amor se manifieste en acciones, bendiciones y oraciones.
1- Acciones “Hagan el bien a quienes los odian”. Lo que Jesús nos quiere decir es que el amor es un sentimiento de servicio sacrificado. Es decir que si procuran hacernos daño, procuremos el bien, y si nos quieren golpear, acariciemos; porque asà nos trató Dios.
Nosotros éramos enemigos de Jesús cuando El murió por nosotros para reconciliarnos con Dios. Ese es nuestro ejemplo: si El se dio a sà mismo por sus enemigos, nosotros tenemos que hacer lo mismo por los nuestros.
2 Bendiciones. “Bendigan a quienes los maldicen”. Es que también con palabras expresamos nuestros sentimientos, tanto las que dirijimos a nuestros enemigos como las que dirijimos a Dios por ellos. Normalmente escuchamos insultos, maldiciones y estamos prontos a responder de igual manera. Sin embargo, Jesús nos dice que si ellos actúan de esa manera para con nosotros, nuestra venganza es pedir una bendición para ellos, declarar en palabras que sólo les deseamos el bien.
3- Oraciones: “Oren por quienes los insultan”. Esta es una gran responsabilidad y privilegio que Cristo nos dio. Orar por nuestros enemigos es quizás lo más alto del amor cristiano y del dominio propio. Bonhoeffer escribió: “… ésto es lo máximo, en la oración nos ponemos al lado del enemigo, estamos con él, en favor de él, delante de Dios”.
Pero al mismo tiempo que oramos va aumentando nuestro amor cada dÃa. Jesús oró por los que lo insultaban y castigaban mientras era crucificado “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
“Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia; ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoÃsta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo. El amor jamás dejará de existir” 1 Cor.13:4-7.
Si logramos, con la ayuda de Dios, que un sentimiento de esta naturaleza anide en nuestros corazones, con toda seguridad entonces desaparecerán los malos deseos que luchan en nuestro interior. Habremos conseguido paz para nosotros y estaremos colaborando para que nuestros prójimos también la tengan.
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El amor
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