por AFIF CHAIKH
El tÃtulo de este artÃculo es el que se encuentra en el capÃtulo 5 del libro de George E. Ladd, “El Evangelio del Reino”, cuya lectura recomendamos enfáticamente, por su actualidad y pertinencia, toda vez que como cristianos “comprometidos” -usando una expresión común hoy-, nos interesamos en ubicarnos adecuadamente dentro del mundo en el que vivimos.
HACE TIEMPO que me siento fuertemente atraÃdo a analizar las caracterÃsticas del reino de Dios y observo que, como expresa el prefacio del libro, es “muy raro que se escuchen tan pocos mensajes sobre el reino; esto es incomprensible especialmente si se tiene en cuenta que es el tema número uno en la predicación de las figuras centrales del Nuevo Testamento, primero de Juan el Bautista, luego de Jesucristo mismo, entonces de los discÃpulos cuando salieron a evangelizar durante el ministerio de Jesús, y después de toda la Iglesia…”
De modo que leà el libro con avidez tratando de conectar su análisis con mi visión personal del reino. La experiencia fue verdaderamente enriquecedora. Dediqué particular atención al mencionado capÃtulo 5: “La Vida del Reino”, acerca del cual quisiera ofrecer algunos comentarios a modo de reflexión.
Dice G.E. Ladd que “La palabra de Dios ofrece una vida más elevada que la vida fÃsica que disfrutan todos los hombres. Esta es la vida del reino de Dios. Todos estamos familiarizados con el texto que dice: ¡El que no naciere de nuevo no puede ver el Reino
de Dios! Pero frecuentemente separamos la verdad de la vida eterna de la del reino de Dios y conmúnmente no pensamos en la vida eterna como un aspecto del reino de Dios. Sin embargo, estos versÃculos ponen juntas esas dos grandes verdades bÃblicas. Son de hecho inseparables. La vida que Cristo vino a darnos es la vida del reino de Dios”.
¿Cuál es mi propia comprensión de la realidad del reino de Dios y de su presencia en el mundo? ¿Cómo se desarrolla mi vida en el Reino? Estas son preguntas que repetidamente surgieron en mi mente como acicate y desafÃo a considerar esa vida elevada que Dios ofrece, como vida real que Dios quiere que yo viva en correspondencia con el llamamiento serio, profundo y costoso que Jesús anunciaba en el primer siglo.
SÃ, “la vida que Cristo vino a darnos es la vida del reino de Dios”, que se está desarrollando aquà y ahora. Ladd sigue diciendo: “El misterio del reino es éste: el reino que un dÃa cambiará todo el orden externo ha entrado en este siglo por adelantado para traer las bendiciones del reino de Dios a hombres y mujeres sin transformar el orden de cosas. La edad antigua sigue; sin embargo, los hombres pueden disfrutar de los poderes del siglo venidero. El reinado de Satanás aún se mantiene en pie, pero el reinado de Dios ha invadido el reino de Satanás.
Hombres y mujeres pueden ahora ser liberados de su poder, librados de su servidumbre, librados del dominio del pecado y de la muerte. Esta liberación se realiza porque el poder del futuro reino de gloria ha venido a obrar entre los hombres en una forma secreta, tranquila… la vida eterna pertenece al futuro reino de la gloria y al siglo venidero; sin embargo, esta vida eterna se hace asequible al hombre en el presente siglo malo”.
¡Qué maravilla es que el reino de Dios haya entrado en este siglo con estas realidades! ¡Entonces, yo quiero vivirlas! Ahora rehuso quedarme en lo conceptual. Todo concepto que no se transforma en vida no me sirve a mà ni le sirve a Dios.
Veámoslo asÃ: “¿Qué es la vida eterna? ¿En qué consiste esta bendición?” pregunta G.Ladd y él mismo responde: “Primero, la vida eterna significa el conocimiento de Dios.`Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado’ (Jn.17:3).
La idea bÃblica del conocimiento no consiste sencillamente en la comprensión de los hechos mediante la mente. Ese es un concepto griego. El conocimiento en la Biblia es algo más que una comprensión intelectual. El conocimiento significa experiencia” (vida, dirÃa yo) “, no que pueda usted repetir el credo, o citar algunos versÃculos de la Biblia… El compañerismo con Dios; la amistad con Dios; una relación personal con Dios: ésta es la vida eterna”.
Ladd continúa explicando: “Pero la enseñanza de nuestro Señor en el Evangelio de Juan es que ya hemos entrado en la vida eterna; ya hemos sido introducidos en este conocimiento de Dios. De algún modo, el futuro se ha convertido en presente… Este conocimiento de Dios incluye una compresión de la verdad de Dios, no solamente en la esfera intelectual, sino en el impacto de la verdad sobre la vida… Asà las Escrituras hablan del `que practica la verdad’ (Jn.3.21)… Dios nos ha permitido alcanzar del conocimiento de la verdad divina aquà y ahora; sin embargo, en el mejor de los casos, éste es parcial e incompleto.
Pero sabemos que es real. Aunque imperfecto, es la mayor y más maravillosa realidad de nuestra vida, porque la verdad de Dios trae a los hombres la comunión con Dios”. “… Y yo deseo hoy más realÃsticamente que nunca ese conocimiento, esa comunión práctica, como la más gloriosa vivencia de la vida del reino. El conocimiento de Dios viene a mà como una apelación elocuente a asumir una nueva actitud: vivir en este siglo malo la realidad de la vida del reino”.
Asà encara Ladd la parte final del capÃtulo: “El segundo sentido de la vida eterna es la vida del EspÃritu de Dios habitando en nosotros. `El que no naciere de nuevo… el que no naciere del agua y del EspÃritu, no puede ver… no puede entrar en el reino de Dios’. La vida del siglo venidero es la obra del EspÃritu de Dios… `Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del EspÃritu’ (2 Co 5.5). ¿Qué son unas arras? No usamos esta palabra frecuentemente en la conversación de todos los dÃas pero tenemos otra palabra distinta para expresar la misma idea. Unas arras son un primer pago.
Es mucho más que una `garantÃa’, como dicen algunas traducciones, es una posesión parcial, pero verdadera posesión”. Explica aquà que si uno quiere comprar una casa, una vez que la encuentra, la forma de concretar la compra consiste, no sólo en firmar un contrato, o hacer un juramento, o traer testigos o mostrar pruebas de honorabilidad; hay una sola cosa que le da valor al acuerdo y es un primer pago con dinero en efectivo.
No el pago total sino un primer pago
sustancial. A esto, dice Ladd, “se le llama dinero en arras”. “La posesión actual del EspÃritu Santo es un primer pago. Es más que una promesa, es mucho más que una garantÃa, a pesar de que `es’ una garantÃa. Es, no obstante, una posesión a su debido tiempo… Esto quiere decir que ya tenemos dentro de nosotros mismos la vida del cielo. Significa que ya participamos de la vida que pertenece al futuro reino de Dios; no la tenemos en plenitud, pero la tenemos en verdad”.
Concluye expresando: “¿Has llegado a comprender que la misma vida del cielo habita dentro de ti aquà y ahora? ¿Lo sabÃas acaso? Temo que estemos viviendo la mayor parte de nuestras vidas en términos de una promesa. Con frecuencia cantamos sobre el futuro, y asà debemos cantar. Nuestro Evangelio es un Evangelio de gloriosa promesa y esperanza. SÃ, lo mejor, lo más gloriosos está aún en el futuro.
Y sin embargo no hemos de vivir sólo para el futuro. El futuro ya ha comenzado. El siglo venidero se ha introducido en este siglo. El reino de Dios ha llegado hasta ti. La vida eterna que corresponde al mañana está aquà hoy. El compañerismo que conoceremos cuando le veamos a El cara a cara ya es nuestro, en parte, pero no en forma real. La transformadora vida del EspÃritu de Dios que un dÃa transformará nuestros cuerpos ha venido a habitar dentro de nosotros y transformar nuestros carácteres y personalidades.
Esto es lo que significa la vida eterna. Esto es lo que quiere decir ser salvo. Significa vivir cada dÃa del presente siglo malo la vida del cielo. Significa que toda la comunidad local del pueblo de Dios que ha recibido esta vida debe vivir en comunión, adorar y servir juntos como personas que han gustado anticipadamente del cielo aquà en la tierra.
Asà es como debe ser el compañerismo en la iglesia cristiana. Que Dios nos ayude a vivir la vida del siglo venidero en medio de este siglo malo. Dios ya nos ha introducido en la comunión con él. Esta es la promesa, el primer pago, las arras, el EspÃritu Santo que habita en nosotros, la vida del siglo venidero. Este es el evangelio del reino. Esta es la vida del siglo venidero”.
-¡Yo quiero vivir aquà y ahora la vida del reino! ¿Y tú?
Fá
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El Reino de Dios
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