Por ENRIQUETA AUBER
Traducción al castellano por ERNESTO GRAY
Nuestro adorable Redentor, los suyos al dejar,
Nos prometió un Consolador, aquí a morar.
Llegó su gracia a difundir en cada corazón,
de los que quieren recibir, tan grande don.
Y así tenemos la virtud, la vida y santidad,
debémoslo al Espíritu: ¡A Dios Load!
Oigamos hoy su dulce voz cual silbo celestial;
pues es su oficio, al Salvador glorificar.
Cuando al Espíritu de amor le damos su lugar,
él ya, de gloria en gloria, nos transformará.
¡Oh! Alabad al Padre Dios, al Hijo que murió
y Espíritu Consolador ¡Al trino Dios!
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