Por JOSE YOUNG
¿Cómo es la relación entre el Espíritu Santo y nuestra conversión? ¿Con qué figura podemos explicarlo?
Es como la lluvia que cae
sobre la semilla recién sembrada
y insta a germinar.
Es como viento que llena
las velas del barco
y lo impulsa por el mar.
Es como la corriente que traspasa
la lámpara apagada,
y la excita a brillar.
Lluvia, viento, energía, fuego, todas son figuras del Espíritu de Dios. Pero tal vez la palabra clave para describirle es vida. El Espíritu es vida, da vida, y sin su presencia no puede haber vida espiritual.
Pero seamos más específicos. Pensemos en tres facetas de esas relaciones entre el Espíritu de Dios y nosotros en la conversión.
*Primero, es él quien nos convence del error de tratar de vivir aparte de Dios. A veces tenemos las defensas bien erigidas, pero el Espíritu blande una espada sin misericordia, que penetra y hiere. En nosotros cumple lo que dice He.4:12.
A veces hay predicadores que trabajan para convencer a sus oyentes de su pecado, pero es una tarea muy ingrata. Mucho mejor sería exaltar a Jesucristo, proclamarle como el Señor de todo y el Salvador preparado por Dios, y con eso el Espíritu tendrá arma para hacer su obra (Jn.16:8,9).
Si nosotros convencemos al pecador puede haber tristeza momentánea. Pero si el Espíritu lo convence habrá conversión.
*Segundo, es el Espíritu Santo quien nos hace entender las cosas de Dios. "Entre los hombres, ¿quién puede saber lo que hay en el corazón del hombre, sino sólo el espíritu que está dentro de él? De la misma manera, solamente el Espíritu de Dios sabe lo que hay en Dios" (1 Co.2:11).
El Espíritu y la Palabra, cosas tan inseparables como el fuego y el calor. Es claro que nadie puede creer sin haber oído primero la Palabra (Ro.10:14). Pero esa Palabra es la semilla que el Espíritu hace germinar (1 Co.3:6). Es el fuego que hace quemar (Jer.23:29). Es la espada que blande (Ef.6:17).
Es por eso que hay un peligro cuando llenamos nuestros sermones que evangelización con anécdotas e ilustraciones, pero no con Escritura. Puede ser que entiendan nuestra palabra mejor… pero no es nuestra palabra la que da vida. Debemos empapar nuestra predicación con la Palabra de Dios, las Escrituras, para que el Espíritu la pueda traducir e interpretar en términos que el pecador entienda. No tengamos miedo de exponer las Escrituras; el Espíritu es bien capaz de explicarlas.
*Tercero, todos sabemos bien que nadie nace cristiano. Algo tiene
que ocurrir en nuestras vidas para que pasemos de tinieblas a luz, de muerte a vida. Las Escrituras utilizan varias palabras para describir ese paso, como por ejemplo: redimir, perdonar, salvar, rescatar, etc. Pero todas apuntan hacia el momento cuando el Espíritu Santo toma posesión de nosotros.
Tenemos vida, porque le tenemos a él. Pasamos de tinieblas a luz porque la LUZ entró para morar en nosotros. Nacimos de nuevo porque la VIDA nos llenó. Y aunque no pase nada espectacular en ese mismo momento, ha comenzado todo un proceso que nos lleva a adquirir la imagen de Cristo y a gozar de la plena comunión con Dios.
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