Por GUILLERMO COTTON
(Cinco cosas que Dios quiere que tú sepas)
Se reconoce universalmente que Juan 3:16 es una joya del evangelio, que resume en pocas palabras su misma esencia. Sugiero que deberíamos considerar a 1 Pedro 4:10 como una pequeña joya con respecto a los dones del Espíritu Santo, en resumen preciso del significado de éstos. Dice Pedro:
"Cada uno según el don que ha recibido,
minístrelo a los otros,
como buenos administradores de la multiforme
gracia de Dios"
Aquí Pedro nos dice cinco cosas acerca de los dones:
1. El don es gratuito, inmerecido algo "recibido" de Dios. Pedro
emplea la palabra carisma, que tiene su raíz en caris, que
significa gracia. La idea es que el don no es algo que podemos
descubrir en nosotros mismos, un talento natural con el cual
hemos nacido. Todos poseemos talentos naturales, ya sea para
dibujar, para la interpretación de instrumentos musicales, para
la creatividad manual, para estudiar, etc., pero éstos no son
carismas, es decir, no son dones concedidos por la gracia divina
a aquellos que son salvos. No obstante, es un hecho innegable
que los talentos son dados por Dios. Santiago afirma: "Toda buena
dádiva y todo don (aquí no emplea "carisma") perfecto desciende
de lo alto"; luego de la conversión éstos también deberán
brindarse al servicio de Dios. Pero los carismas son dones dados
dentro de la Salvación.
Notemos que Carisma es la palabra normal para describir la experiencia cristiana. El carisma de Dios es vida eterna (Ro.6:23); es justificación gratuita por la obediencia redentora de Cristo (Ro.5:15s.); es comunión entre hermanos (Ro.1:11); es intervención divina para salvar a su siervo de un peligro mortal (2 Co.1:11). Esto demuestra la continuidad de los dones del Espíritu a través de toda la experiencia cristiana. No necesariamente sensacionales ni espectaculares.
El don es "recibido", es distribuido por Cristo resucitado como uno de los frutos de su resurrección y ascensión: "a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: "subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres". Esta repartición de dones de parte de Cristo está hecha según su soberana voluntad y solo él conoce las razones. Nuestra actitud debe ser la de recibirlos de sus manos en sumisión y agradecimiento.
2. Cada creyente ha recibido un don. Para Pedro no hay excepción
y nadie puede disculparse afirmando que no tiene ningún don del
Espíritu. Pablo afirma lo mismo:"…conforme a la medida de fe
que Dios repartió a cada uno… De manera que teniendo diferentes
dones según la gracia que nos es dada…" (Ro.12:3®6). En su
gracia Dios nos ha repartido algún don a cada uno, y cada uno debe desarrollar su don al máximo de sus potencialidades. Tu don
te es dado por el Dios trino: Dios repartió a cada uno, Cristo
resucitado dió dones a los hombres, y son "dones del Espíritu".
Agradécele y pídele que te muestre cuál es el don que te ha dado.
Aquí nos encontramos ante un problema. ¿Cada uno tiene un solo don o puede tener varios? En el N.T. no es del todo claro con respecto a esto. Pedro menciona "el don" como si fuera uno solo, pero es difícil imaginar que un hombre como Pablo tuviera un solo don. Su idoneidad manifiesta en la obra evangelística, en la fundación de iglesias, en la enseñanza de la Palabra, en las exhortaciones de sus cartas, etc., sugieren una multiplicidad de dones. No obstante, creo que para la gran mayoría de nosotros bastará descubrir y desarrollar al máximo el con que hemos recibido.
3. Estos dones traen sobre nosotros una grave responsabilidad: "minístrelo a los otros", dice Pedro. El don no es para la edificación propia, sino para la edificación de otros. No se lo puede practicar en aislamiento, sino sólo tiene sentido cuando se lo usa en comunidad, hacia otros. No es para gloria propia, para ser visto ante los ojos de mis hermanos, sino para usar en humilde servicio. Nos necesitamos mutuamente, y no ministrar mi don en el seno de la iglesia es privarla de algo que ella necesita. "Pero a cada quien les es dad la manifestación del Espíritu para bien común" (1 Co.12:7 en la Bíblia de la Américas).
4. Los dones son "multiformes". Los dones son diversos y disímiles porque la gracia de Dios se manifiesta en múltiples formas. Gracias a Dios que todos tenemos diferentes dones y que cada uno, si esfuerza por encontrar su propio son y desarrollarlo a su máxima expresión, puede contribuir con su parte en la vida total de la iglesia a la cual pertenece.
Sin duda preguntarás cómo encontrar el don que Dios te ha dado. Brevemente diremos que hay seis cosas que debes realizar: Ora, pidiendo constancia a Dios que te muestre tu don. Luego estudia el tema, escudriñando aquellos pasajes del Nuevo Testamento que se refieren al mismo, y comenta con otros sobre ello. Tercero, comienza a practicar varios dones mencionados, p.ej. servicio, exhortación enseñanza, liberalidad y misericordia (de Ro.12:7®8). Cuarto, pregúntate cuáles son las actividades que Dios espera que realices. ¿Qué cosas efectúas con más habilidad? Esto te dará alguna idea. Quinto, a medida que procuras practicar los dones, tu habilidad será evidente a otros. Por ejemplo, si tus esfuerzos por exhortar a otros resultan siempre chocantes, no tienes el don de la exhortación. Finalmente, verás en qué actividades Dios te usa para bendición de otros, Cuando uno usa su don resulta de ayuda moral y espiritual a otros hermanos en la iglesia.
5. Notemos que Pedro dice que somos "administradores" del don que Dios nos ha dado. Un administrador es uno que cuida los bienes de otro y que tiene que rendir cuentas con respecto a la manera con que los dirige. Esto subraya el hecho de que el don nunca es nuestro. No podemos jactarnos ni gloriarnos del don que Dios nos ha concedido, sino aceptarlo humildemente y comprometernos a entregarnos a ello con toda nuestra capacidad. Somos responsables por la manera en que los administramos. Un día tendremos que
rendir cuentas a nuestro Amo Celestial. El quiere que usemos de sus bienes sabiamente, desarrollándolos al máximo de nuestras posibilidades para el bien de todos los siervos que están en Su casa. "Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo. (2 Co.5:10).
Imprimir |