2nd Jun, 2008

Ética de Situación

Por WALTER T. BEVAN  

EN EL AÑO 1966 un profesor norteamericano, Joseph Fletcher, escribió un libro titulado "Situatión Ethics" (en castellano "Etica de la Situación", ediciones Ariel, Barcelona, 1969) cuyas ideas originan nuestro artículo. Los escritos de Fletcher han tenido mucha influencia sobre la presente generación. "En la ética de situación los principios más sagrados pueden dejarse a un lado si entran en conflicto con cualquier caso concreto de amor".

El amor es considerado como ley absoluta; la ley del amor es la última palabra. Es el amor quien dicta hasta el aborto, sobre la base de que ninguna criatura no deseada debiera vivir. Tal concepto de amor "aprueba a las madres solteras y, a todo homo, hetero, o autosexual, con tal de que el amor haya sido servido". Para la ética de situación el ser humano no debe atarse a "principios"; solamente una cosa es universalmente buena y es el amor. El amor, o la falta de él, hace que una cosa sea buena o mala.

Pero el escritor evangélico Carl Henry pregunta: ¿No podría el amor a las criaturas prohibir el aborto? y ¿No podría el amor a Dios hacernos abominar la homosexualidad?

Dice la ética de situación que "las relaciones sexuales prematrimoniales o el divorcio pueden ser malos en muchos casos, pero no lo son intrínsecamente, pues el verdadero mal es la falta de amor". Es evidente que el amor, en lo que tiene que ver con el sexo, se rebaja del "ágape" al "eros".

Para la ética de situación el fin justifica los medios y la moral se subordina a la conveniencia. Cierto escritor afirma: "El matrimonio es una institución inmoral y nada hay de malo en la promiscuidad sexual". Cuando algunos que hablan así son obispos o eclesiásticos prominentes, lo que dicen aparece en las primeras páginas de los periódicos.

"El amor es más importante que la castidad" expresan, y lo malo es que muchos escritores y aun predicadores de esa laya abogan por un nuevo código de moral. Parecería que todo debe hacerse pensando solamente en aquella persona ubicua denominada "el hombre de la calle". Yo por lo menos, protesto contra esa teoría y pienso que debemos tener siempre como meta "El Hombre de la Gloria", y procurar levantar al "hombre de la calle" al nivel de Cristo, y no descender a su nivel.

"Nuestra moral está subordinada a los intereses de la lucha de clases" declaró Lenin, pero el Dean Inge manifestó: "El secularismo promete un paraiso al fin de una senda de flores, pero lo que realmente nos da es un infierno prematuro  al desenlace de un camino manchado de sangre" y agregó: "Cuando el sexo deja de ser un misterio que debe ser tenido para santificación y honra, llega a convertirse en un veneno, y cuando se excede su cumplimiento sublime, llega a ser el medio de degradación más baja".

Supongo que la ética de situación puede abarcar todos los aspectos de la vida, incluso las transacciones comerciales, sobre la base de que el fin justifica los medios. Se dice que vivimos en una generación amoral y que la gente parece carecer de sentido moral; y se lo dice a pesar de todas las facilidades educacionales al alcance de todos. En el mundo se han multiplicado las instituciones que tratan de cuestiones morales y sociales; pese a ello todas las normas morales prosiguen deteriorándose. Esta situación nos trae al evangelio de Cristo, porque lo que el ser humano necesita es un poder que lo libere de la esclavitud del pecado.

Cristo vino, no para enfatizar las prohibiciones, sino para dar poder, y para librar de la corrupción nuestras vidas naturales. Estudiar la ética bíblica no significa averiguar cómo era la moral de los tiempos antiguos, puesto que ella es de vigencia permanente y aún hoy correremos el serio peligro si descuidamos la ley de Dios y los diez mandamientos. Se nos dice que las personas valen más que los principios, no obstante no debemos ceder ante el espíritu de la época.
Ya es tiempo de rebelarnos contra un cristianismo popular, cómodo, que no cuesta nada y que es tan parecido al mundo que no conduce a nada, ni produce ningún efecto sobre el mundo. La ética de situación afirma que ninguna acción es absolutamente buena o mala, puesto que todo depende de las circunstancias. Sin embargo no hallamos nada de permisividad en la Palabra de Dios, que sigue hablando con la misma autoridad y poder aun en esta edad permisiva, y jamás se acomoda a las conveniencias del presente siglo XX. Obedecer al Señor debe ser la gloria de su pueblo, así como rebelarse contra su autoridad debe ser su vergüenza.

Debo confesar que me fastidia mucho la letra de ciertos coros que oigo cantar: "amor, amor, amor, amor" cuya palabra es repetida "ad-infinitum", pero que no contiene el mensaje completo del evangelio. Debemos cuidar bien nuestras prioridades. La Iglesia tiene programas de todas clases, donde todo es permitido; se observan licores, bebidas alcohólicas y flirteo en nuestras reuniones sociales; parecería que todo está bien siempre que finalice con un "devocional".

Creo que es tiempo de frenar estas costumbres, pues cuanto más el "creyente" imita al mundo, menos se parece a Cristo. Puede ser que para las normas comunes de la sociedad de moda todo quede bien, y también para las costumbres de algunas Iglesias, pero cuando estamos en la presencia de nuestro Señor y frente a sus normas ¿Cuál será su juicio? Seguramente que entonces no habrá lugar para la "ética de situación".

La vida cristiana tiene sus reglas. "Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios". "Poned la mira en las cosas de arriba, y no en las de la tierra". "Haced morir, pues lo terrenal en vosotros: Fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría". "Dejad también en vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca". "No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que creó se va renovando hasta el conocimiento pleno".

"En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos". "La fornicación y toda inmundicia…ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos".

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