Dra. FLORENCIA KENNEDY de SUAREZ PRADA
Introducción
El tema que se me ha encomendado es “Ética y Biblia”. Por su extraordinaria extensión, no puedo pretender abarcarlo en el tiempo limitado que contamos. Pero de todas maneras, por la gran importancia que tienen ambos aspectos para nosotros como terapeutas cristianos, pienso que debemos reflexionar seria y diligentemente sobre aspectos que hacen a la relevancia del mensaje bíblico frente a nuestra tarea en las profesiones de curar y ayudar. Vivimos y actuamos en una época de la experiencia humana, donde hay un cuestionamiento total a los valores que se tenían por firmes y tradicionales; surgiendo al mismo tiempo una dicotomía entre el pensamiento cristiano y el actuar profesional.
El concepto de lo que es moral se va perdiendo rápidamente, y podríamos preguntarnos con el Salmista: “¿Si los fundamentos fueren destruidos que ha de hacer el justo?”.
En términos generales, la universidad forma técnicos con distintos grados de habilidad, pero tiene poco tiempo para programas que encaren temas que hacen a los problemas filosóficos y menos aún a los religiosos. Es necesario iniciar una tarea firme para subsanar esta falencia que cada vez se hace más profunda y dramática. Pareciera que todo el conocimiento humano está orientado a solucionar los problemas de salud, en sus aspectos que podríamos llamar técnicos, pero olvidan aspectos fundamentales desde nuestra visión cristiana.
Se olvida que el ser a tratar es el hombre, y que el mismo no reacciona siempre como si fuera una máquina sino que presenta una serie extraordinaria de aspectos, que resultan en las más diversas respuestas al tratamiento del terapeuta: muchas de las cuales no llegamos a entender o a explicar claramente.
Tratando de circunscribir la terminología que queremos usar al hablar de ética, Deontología y Moral: podríamos definir a Etica (ethos-costumbre) la que trata de las obligaciones del hombre.
Deontolgía (deontos-deber, logos-tratado) la ciencia o el tratado de los deberes. Moral (costumbre, conducta) lo que concierne al fuero interno o al respeto humano. Ciencia que trata del bien en general y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia.
Es tradición considerar a la moral como la búsqueda de las normas de conducta, pero no existe entendimiento en cuanto al método que debe seguirse para determinar esas normas de conducta.
La ética humanista se basa en el principio que sólo el hombre puede determinar el criterio sobre la verdad y el pecado, y no una autoridad que lo trascienda. El único criterio de valor ético para esta línea de pensamiento, es el bienestar del hombre.
El criterio bíblico parte del concepto de que Dios es soberano y creador de todo lo existente y que el hombre es enteramente responsable, Dios hace al hombre a su imagen y semejanza, entrando en una relación pacto-fidelidad, enseñándole la dimensión del pecado, la gracia y la verdad. Su plan manifiesto es la redención del hombre colocándolo en la posición del hijo, compartiendo con él la tarea del reino y de vida de calidad divina.
Objetivo de esta reflexión
Mi intención es que esta reflexión nos estimule e impulse a pensar y actuar como profesionales cristianos, en la búsqueda de integrar la perspectiva bíblica con nuestro pensamiento científico.
Lloyd Jones dijo que “fundamentalmente el cristiano debe ser una persona que piensa”(2). El terapeuta cristiano tiene que ser siempre alguien que medite profundamente sobre los temas del hombre frente a la vida y la muerte, si desea seriamente, ayudar a su paciente.
Debe encarnar su convicción cristiana de que el hombre es un ser trascendente. Si bien esto es una tarea trabajosa, difícil y muchas veces llena de sinsabores, que demanda tremenda disciplina, fuerza de voluntad y amor hacia el prójimo; no por ello deja de ser imprescindible, si realmente pretendemos ser terapeutas cristianos. “Este amor total a Dios y al prójimo no es una inclinación psicológica o una simpatía, o sentimiento natural, sino una realidad espiritual, don de Dios, derramado en nuestros corazones, pero que entraña exigencias profundas”(3).
El pensamiento cristiano nos impulsa a adorar a Dios y no a los hombres. No por ello, en ningún momento, deja de reconocer el valor del hombre; al contrario, es la Biblia la que nos da una clara dimensión del hombre, y su posición como obra cumbre de la creación. En una búsqueda sincera y despojada de nuestros preconceptos y dogmatismos, tanto personales como confesionales, encontraremos los principios necesarios para hacer frente a las decisiones éticas.
Donald Shriver manifiesta que “la adoración de lo humano como incuestionablemente divino degrada al hombre. Esta idolatría pone en jaque el derecho de todos, tanto del terapeuta como del paciente, de ser humanos. En todo lo que se refiere al valor de la vida humana y su “status” dentro de la creación es inescapablemente un problema religioso”(4). “Quien sigue en pos de Cristo el hombre perfecto, va siendo cada vez más hombre”(5).
Ronald Berman nos dice: “Para combatir la enfermedad, tiene que haber una real y demostrable conexión entre la lucha y lo que se está salvando, cuanto más alto sea nuestro concepto del valor del hombre y de la vida, se tendrá una base más segura para aceptar el precepto de que vale la pena luchar por la vida, ya sea en cantidad como en calidad”(6).
El profesional debe combinar conocimiento (ciencia) con arte (creatividad, destreza), conjuntamente con la decisión médica de combinarlos para el mejor provecho de cada paciente en forma individual. Lester King nos dice: “La ciencia de la medicina depende de la fe, en que no es una casualidad, sino causa que opera”(7). Roy Bronson manifiesta: “Se espera que la medicina transmita ciencia en terapia y conocimiento en acción. La profesión médica combina los valores de la fe, y los científicos (conocimiento y orden) con normas concretas para regular práctica médica (efectividad y eficiencia)”(8).
La fe vuelca nueva luz sobre todo. Manifiesta el designio de Dios para la total vocación del hombre y así dirige la mente a soluciones que son completamente humanas. En cada decisión médica deben pesar nuestras convicciones cristianas. Toda verdad proviene de Dios, Biblia y ciencia no se excluyen, y donde surjan aparentes contradicciones entre las mismas, será necesario seguir indagando e investigando.
“De todas maneras la Biblia no contesta todos nuestros problemas éticos, ni resuelve automáticamente los dilemas morales. Muchos de esos problemas deben ser elaborados, no siendo por otro lado menos agonizantes las decisiones morales que el mundo nos plantea con su compleja tecnología”(9).
Es necesario la renovación de nuestra mente “cambiar la actitud mental y revestirse de ese nuevo hombre creado a imagen de Dios”(10). “Piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en todo lo que es bueno y merece alabanza”(11). Toda esta actitud mental nos ayudará a no ser arrastrados al pensamiento humanista, al mismo tiempo que nos guardará de elecciones equivocadas y errores trágicos ante al abrumadora montaña de conocimientos científicos, tecnologías, ingeniería genética, etc., todo lo cual nos impone constantemente la necesidad de hacer decisiones ante situaciones que debemos afrontar.
La medicina en nuestro tiempo se ha adelantado a las leyes humanas; por ello, en general, la legislación presenta enormes lagunas, no pudiendo hacer frente a las nuevas circunstancias, llegando en muchas oportunidades aún a rebalsar las definiciones jurídicas. Hay grandes temas sobre los cuales es necesario reflexionar, buscando la respuesta desde el punto de vista bíblico y ético. Ni la Biblia ni la ética, tienen respuestas para un sinnúmero de problemas. Hay grandes zonas grises o sin respuesta en temas tales como: el aborto, la eutanasia, suicidio, control de natalidad, experimentos en embriones con medicamentos nuevos, trasplante de órganos vitales, etc., etc., que nos plantean grandes interrogantes, para los cuales aun no hay soluciones fáciles, terminantes. Además, entre otros, no podemos dejar de pensar, en el caso de enfermedades terminales, qué parámetros debemos usar para determinar cuándo usar los equipos y aparatos que mantienen la vida en forma artificial, y asimismo cuándo dejar de úsalos.
Al buscar respuesta, debemos tener muy en claro que el médico cristiano no puede ni debe manipular las Escrituras para probar y dar solución a los problemas contemporáneos. Tampoco considero que sea correcto el aplicar mandamientos que fueron dados en situaciones concretas, como si tuvieran validez universal. Pero al mismo tiempo sostengo en forma enfática que la Biblia nos da parámetros y absolutos que debemos respetar; para lo cual será necesario una interpretación fresca y dinámica, tarea en la que deberá integrarse tanto el terapeuta como el teólogo.
En todos los relatos bíblicos de sanidad encontramos siempre presentes la autoridad y el poder dentro de un contexto de misericordia, compasión y amor. Compasión y amor que nos guarda de caer en el autoritarismo. Debemos recordar constantemente que la medicina, en todas sus ramas, es una bendición de Dios hacia el hombre, la cual se manifiesta a través de hombres llamados a este servicio. El poder es delegado por Dios, no debemos abusar de él. La creciente ola de juicios de mal “praxis”, son una indicación de abuso de poder por parte del médico.
Un aspecto que surge claramente del texto bíblico es el respeto hacia el enfermo y la expresión de su voluntad. Cristo en su ministerio no fuerza la voluntad del hombre, es una constante la pregunta: “Quieres ser sano”. También la perspectiva bíblica nos muestra que en ocasiones de vida o muerte, aún leyes claras fueron transgredidas: David y sus hombres comen del pan de la proposición.
Nos presenta, asimismo, la bendición de sanidad aún para aquellos que no eran pueblo, como en el caso de Naamán, al mismo tiempo que la noción intrigante de que había muchos enfermos del pueblo que no habían sido sanados. También nos habla de la misericordia de Dios con la viuda de Sarepta que no se manifestó en otros.
El texto bíblico hace énfasis sobre la responsabilidad del paciente para hacer una correcta elección: “Mira, ahora que estás sanado, no vuelvas a pecar, para que no te pase algo peor” (12)/
Lo que no nos habla sólo de la sanidad del cuerpo, sino que también de un concepto integral, que comprende una relación correcta con Dios. La responsabilidad y deber (orden) de ser sano, de desear sanidad y usar todos los conocimientos legítimamente es parte integral del cumplimiento de esta orden.
En el énfasis que hace el texto bíblico del perdón de pecados (relación con Dios) frente a la falta de sanidad corporal, nos lleva a pensar profundamente, como terapeutas, que debemos considerar al hombre en su integridad. Si no logramos siempre la curación de las dolencias del cuerpo, hay todo un ámbito en el cual debemos actuar, para que el paciente pueda vivir con una adecuada calidad de vida. También cabría preguntarnos cuál será nuestra actitud ética, como cristianos, frente a los enfermos terminales. Cuál será nuestra actitud frente a la inhumana soledad de terapia intensiva; levantemos nuestra voz y defendamos a los pacientes que deseen morir en sus casas entre los suyos.
Conclusiones:
Deseo concluir estos breves pensamientos con algunas reflexiones:
1. Cada uno de nosotros hemos sido llamados para actuar como terapeutas en la tarea de curar, aliviar o bien consolar.
2. Que como siervos delante de Dios, tenemos el compromiso de hacer nuestra tarea rindiendo al máximo de nuestra capacidad, aun hacia aquellos que son desagradecidos y aún viles.
3. Que tenemos una gran responsabilidad respecto a todo lo que hacemos, y el código a aplicar al dar cuenta de nuestros actos, será la Palabra.
4. Jesús nos alienta a la meta del supremo llamamiento, alentándonos con la promesa: “Fiel es el que nos llamó, el cual también lo hará”.
5. Que podamos ver en cada paciente a Cristo, la misma visión que
nos dá Jesús: “Estuve enfermo y me visitaron…”
6. Que podamos recorrer este camino con humildad, sin jactancia ni prepotencia, pues todo nos ha sido dado por gracia.
Referencias:
1. Salmos 11:3
2. Lloyd Jones/”Life in the Spirit” (Vida en el Espíritu)
3. E. Rasco – “La moral en el Nuevo Testamento”
4. Donald Shriver – “Interrelationships of religion and medicine”
(Interrelaciones entre la religión y la medicina)
5. Vaticano II – Gaudun Et Spes.
6. Ronald Berman – “The Favour of the Gods” – Oration of the
Society for Health and Human Values” (El favor de los dioses -
Oración de la Sociedad para la salud y los valores humanos)
7. Lester King – “The Growth of Medical Thought” (El crecimiento del pensamiento médico).
8. Roy Bronson – “The Secularization of American Medicine” (La secularización de la medicina americana).
9. Arthur Holmes – “Aproaching Moral Decisions” (Aproximación a decisiones morales)
10. Romanos 12:2
11. Lucas 6:4
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Ética Cristiana

