por ALEJANDRO CLIFFORD
"Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas" Cantares 2:15. "Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume". Eclesiastés 10:1
JESUS DIJO: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella. Pero ellos, al oír esto, acusados por su propia conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos, entre ellos Alejandro Clifford. Juan 8:9 (versión propia).
Escribir sobre cuestiones de ética no es demasiado difícil. Ser correcto en cuestiones de ética lo es mucho más.
Vivimos bajo tantas presiones, el mundo ha invadido en tal grado nuestros hogares y nuestra personalidad, que hasta los que nos consideramos "nuevas criaturas" pecamos en contra de la moral y las obligaciones del hombre, que según el diccionario son las dos cosas que estudia la parte de la filosofía que conocemos como ética.
En otras páginas de nuestro periódico, mis compañeros de redacción escriben sobre los aspectos teológicos de la cuestión. Se recalca especialmente el pecado y la mentira, y tal vez la "mentira piadosa" sea una de las faltas más comunes. Creo que todo el mundo alguna vez la comete.
Pero en la presente nota deseo enumerare algunas otras faltas que suelen cometer los cristianos, y en las que muchos hemos caído alguna vez.
Al leer lo que sigue, anotémonos con DIEZ PUNTOS por cada uno de los mencionados en que NO hemos caído. Será interesante una vez terminada la lectura ver si tenemos una cifra considerable, o apenas algunas decenas "salvadas como por fuego".
Me propongo a mencionar algunas zorras pequeñas que echan a perder las viñas, y unas cuantas moscas muertas que hacen que hieda lo que debiera ser "grato olor de Cristo".
Empiezo con una práctica que me parece grave, y que he visto con sorpresa que es aceptada por muchos jóvenes cristianos como algo corriente. Algunos con quienes he conversado al respecto, sonríen ante lo que consideran mi excentricidad. Me refiero a la costumbre de los estudiantes de copiar durante las pruebas o exámenes escritos. Durante mis largos años de experiencia docente, vi emplear tantos distintos sistemas para copiar, que podría escribir un extenso artículo sobre el tema.
Pero sería una lamentable pérdida de tiempo, y tal vez una "escuela de delito". Lo importante es, lo he señalado siempre, que copiar en una prueba es mentir, es engañar, es hurtar. Es parte de esa simulación en la lucha por la vida de que hablaba José Ingenieros.
Mentir, simular, engañar, robar, no son vocablos simpáticos, pues describen actividades no sólo condenadas por la Palabra de Dios, sino también por la ética corriente. Pido a los lectores que se examinen preguntándose si como seres renacidos que desean seguir a Aquel en quien no hubo engaño, pueden continuar en estas prácticas inmorales.
Otro problema de ética es el del empleado que recibe un sueldo a cambio de un trabajo a realizarse en un determinado horario, y que durante horas de éste, se la pasa hablando del Evangelio.
Tan pecaminoso es robarle horas al patrón y distraer a los compañeros hablando del Señor, como sería se en esas horas robadas se estuviese hablando de fútbol o de carreras. En cierta ocasión en que dije algo parecido a esto, se me respondió con aquello "de en tiempo y fuera de tiempo" que recomienda Pablo a Timoteo. Por supuesto estas sanas palabras bíblicas nada tienen que ver con el que esta cobrando dinero por trabajos que en realidad no efectúa.
Un pecado en que muchos hemos caído es el de llevarnos a la casa, de la oficina o la fábrica, lápices, papel, broches, tornillos, pequeñas piezas de automóvil. ¡Hay tal abundancia en al lugar en que trabajamos! Nadie notará la falta, y al fin y al cabo los sueldos que nos pagan son miserables. Necesito de estos elementos para los hijos, para mi tallercito doméstico, para la "obra del Señor! La verdad es que estamos ante un clarísimo caso de robo, y quien comienza llevándose un lápiz, aunque tararee un himno de consagración mientras lo mete en el bolsillo, está en peligro de robar un día una máquina o el contenido de la caja fuerte.
¡Esos problemas de ética! Hay cosas pequeñas que pueden ser síntomas de males muy grandes. Por ejemplo: ¿Cómo puedo confiar en un hermano que no respete la fila o la cola mientras espera un vehículo público o hace alguna gestión en un Banco?
Otro pecadillo muy común es estas épocas en que no sobra el dinero, consiste en incluir cartas personales en el material impreso que enviamos por correo con tarifa reducida. Está terminantemente prohibido, lo que es lógico, por más ilógico que nos resulten las tarifas para las cartas.
Quienes deben rendir cuentas en sus gastos de viaje, hospedaje, etc., suelen caer con facilidad ante la tentación de presentar abultados gastos inexistentes, utilizando a veces facturas falsas, entregadas con la complicidad de mozos, hoteleros, etc. El creyente en Cristo no puede hacer estas cosas.
Es muy común que una persona utilice credenciales ajenos o hasta falsos, para obtener descuentos en las farmacias, en los viajes, o simplemente para ser atendida mejor. Nuevamente estamos ante un caso de mentira y robo. Cierto hermano me hablaba con lágrimas en los ojos sobre el lamentable estado moral de los cristianos, y la necesidad de una mayor limpieza de conducta en la vida diaria. Tanto atacó a algunas personas de mi amistad, que tuve que recordarle que él mismo acababa de hacer un larguísimo viaje que fue posible debido a que portaba credenciales a que no tenía el menor derecho. ¡Ay, esa paja en el ojo ajeno!
Algún lector que ha tenido paciencia de seguirme hasta aquí, puede estar algo enfadado, y preguntarse qué tienen que hacer todas estas cosas en una revista para edificación de los creyentes. Por supuesto que nada debieran tener que hacer. No son asuntos para un periódico cristiano. Es que tocan muy de cerca, y entonces es más cómodo que nos dediquemos a "vida victoriosa". Más lindo entregarnos como una suerte de escapismo, a las especulaciones escatológicas dispensacionalistas o antidispensacionalistas.
Pues mientras uno está ocupado con estos asuntos tan elevados, no hay tiempo para pensar en las pequeñeces que he mencionado en esta nota, que son mucho más importantes en la vida cristiana, y creo que más importante para Dios, que un conocimiento exacto de cómo será el arrebatamiento de los santos, por ejemplo.
Para terminar: ¿Hizo el lector su recuento de aquellas faltas que NO cometió alguna vez? ¿Cómo anduvo el resultado? Más bien pobre, ¿verdad?
Cuidémonos de las zorras, de las moscas que he mencionado, y de mil actos parecidos que no ha habido espacio para mencionar. Tenemos que hacerlos, como cristianos que somos. Personalmente, procuraré no caer en esas faltas, en lo poco que me queda del camino.
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