por RICARDO ZANDRINO
CON LA BIBLIA EN UNA MANO
Y EL DIARIO EN LA OTRA.
Cierta vez escuché el comentario de que los creyentes deberían hacer su tiempo devocional cotidiano con la Biblia en una mano y el diario en la otra.
Quizá sea una exageración, pero el punto que quiere demostrar este comentario algo tiene de cierto; y es que para comprender el mensaje que Dios quiere comunicarnos por su Palabra debe ser insertado en una realidad concreta.
¿Cómo podríamos entender correctamente el mensaje que Jesús predicó en su época si ni siquiera sabemos qué ocurre en el mundo de nuestros días? También cabría pegruntarnos si por falta de información de lo que ocurre a nuestro alrededor, no corremos el riesgo de que el mensaje que predicamos, por desactualizado, carezca absolutamente de interés. O lo que es más grave aún ¿No estaremos predicando a un mundo que no existe, porque ha cambiado y no nos dimos cuenta?
EL MUNDO CAMBIA ACELERADAMENTE
Nuestro mundo se ha achicado. Los medios de comunicación anuncian las noticias de un extremo al otro del planeta mientras los sucesos están ocurriendo, y de ese modo, Corea o Rusia parecen estar a la vuelta de la esquina. Los satélites permiten ver programas de televisión de países lejanos y esto derriba barreras y hace caer gobiernos sin libertad de prensa. Hoy, por medio de los modernos aviones y aeropuertos, de un día para otro atravesamos océanos y despertamos en otro continente.
Los rápidos cambios han alterado el equilibrio político mundial. En el período de meses desapareció la cortina de hierro que separaba los sistemas políticos del este y el oeste en que estaba dividido el mundo. Alemania conformó un solo país. Por otra parte, los cambios en la Unión Soviética no dejan de sorprendernos cada día.
¿Qué piensa el pueblo cristiano de esta nueva realidad? ¿Cómo adapta el mensaje de la fe en un mundo que cambia en medio del fenómeno de la aceleración de la historia? ¿Qué postura tenemos, por ejemplo, ante la segunda venida de Cristo, cuando el teórico político Fukuyama plantea el fin de la historia? ¿O qué diremos a nuestras sociedades, con la voz profética de la Iglesia, ante un consumismo desaforado y una cruel compentencia que parece instalarse como modelo social?
UN MODELO DE ACTUALIZACION DEL EVANGELIO EN EL NUEVO TESTAMENTO
El apóstol Pablo, además de ser un creyente fiel, era un predicador despierto y preparado.
Habitualmente sus mensajes ante los judíos se fundamentaban en conceptos eseciales a la fe cristiana como la muerte y la resurrección de Jesús, utilizando argumentos propios de la tradición judía (que él conocía muy bien por ser rabino) y las circunstancias políticas y sociales que atravesaba el pueblo de Israel.
Sin embargo, cuando llega a Atenas y diserta en el Areópago ante los intelectuales griegos entrenados en los razonamientos filosóficos a partir de sus propios métodos de pensamiento, cambia su discurso y se adapta a su nuevo auditorio.
Con astucia comienza diciendo: “Atenienses, por todo lo que veo, ustedes son gente muy religiosa. Pues al mirar los lugares donde ustedes celebran sus cultos, he encontrado un altar que tiene escritas estas palabras: “Al Dios no conocido”. Pues bien, de ese Dios que ustedes adoran sin conocerlo es de quien yo les hablo…” (Hch.17:22-23). ¿Podemos imaginarnos una manera más original y creativa de introducir al Dios único en medio de una cultura politeísta.
Más adelante cita a sus propios literatos: “Porque en Dios vivimos, nos movemos y existimos; como también algunos de los poetas de ustedes dijeron:” Somos descendientes de Dios.”(Hch.17:28).
Como vemos, el Apóstol Pablo estaba actualizado en la cultura a la que le brindaba el mensaje de salvación. Luego dice: “Porque Dios ha fijado un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por medio de un hombre que él ha escogido; y de ello dio pruebas a todos cuando lo resucitó” (Hch.17:31). ¿Cambió Pablo la esencia del mensaje del evangélio? Evidentemente que no, pues llega a los mismos temas que les predicaba a los judíos: Cristo ofrecido en sacrificio y resucitado para nuestra redención. Pero sí cambió los argumentos teniendo en cuenta a sus interlocutores.
En esta oportunidad el esfuerzo intelectual lo hizo Pablo, quien a todos se hacía todo, y no sometió a su auditorio a una aburrida argumentación, que por otra parte nadie hubiera escuchado. Sin bien gran parte de los oyentes se escandalizaron intelectualmente al escuchar hablar de la resurrección, otros aceptaron el mensaje: “…algunos lo siguieron y creyeron. Entre ellos estaba Dionisio, que era uno de los miembros del Areópago, y también una mujer llamada Dámaris, y otros más.” (Hch.17:34).
¿”ANTIGUA HISTORIA” O “HISTORIA DESACTUALIZADA”?
Solemos cantar aquel bello himno, una de cuyas estrofas y el coro dicen:
Grato es decir la historia.
Que, antigua sin vejez,
Parece al repetirla,
Más dulce cada vez.
Me agrada referirla,
Pues hay quien nunca oyó
Que para hacerlo salvo
El buen Pastor murió.
¡Qué bella es esa historia!
Mi tema allá en la gloria
Será la antigua historia
De Cristo y de su amor.
¡Qué importante es que sepamos preservar el corazón del mensaje!
A veces dejamos que la “antigua historia”, por nuestra falta de información, pereza intelectual, o cierta soberbia en nuestra fé, se transforme en una “historia desactualizada”.
Repito, no por el mensaje en sí, que tiene valor eterno, sino por nuestra propia incapacidad.
LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO
¿No será nuestra iglesia intelectualmente perezosa? ¿No estaremos desactualizando el mensaje? ¿No caemos en el error de esperar que el resto del mundo se “acomode” a nuestra proclamación, ya que no estamos nosotros dispuestos a hacer el esfuerzo de cambiar por amor a ellos?
También soy conciente de que en estos planteos hay riesgos ciertos: por ejemplo ceder a la seducción de la última moda intelectual y adaptar el evangelio a esta corriente, perdiendo en este proceso la propia identidad.
Otro peligro es que en el esfuerzo por hacer “creíble” el mensaje, lo simplifiquemos y le quitemos los misterios profundos, y a veces escandalosos a la razón humana.
Como se verá, estos planteos conllevan más preguntas y dudas que respuestas. Pero… ¿Qué opción nos queda entonces si no aceptar el reto?
La propuesta está abierta al lector y a su circunstancia. Sobre todo un gran cuestionamiento para ser respondido en la intimidad del devocional diario, o públicamente en cada iglesia: ¿Qué mensaje predicamos ante un mundo cambiante?
Publicado por: Administrator
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