Por MIGUEL A. ZANDRINO
Cuando decimos "movilizar a la iglesia somnolienta", estamos pensando en términos de evangelización. Es decir que el objetivo es que la iglesia despierte a su responsabilidad evangelizadora. Que llegue a tener la convicción que la evangelización no es simplemente tarea de un grupo de personas, sino que todos deben afrontar la acción: "que sean el uno para que el mundo crea".
No estamos pensando en lograr situaciones de excepción como a veces ocurrió en la historia, cuando se produjeron avivamientos, ya que tal cosa, que seguramente deseamos con intensidad, no depende de nosotros, sino de la soberanía de Dios, quien obra con el poder de su Espíritu según su voluntad. Pero la fisionomía de una iglesia normal, es la de una comunidad comprometida con la evangelización.
Seguramente que las razones son muy complejas. Diversas circunstancias pueden haber concurrido a conformar esta situación. Mencionaremos algunas que nos parecen bastante evidentes.
Con frecuencia se hace un planteo demasiado simplista del evangelio. Se acentúan las ofertas, dejando muy de lado las demandas que hizo Jesús. No enfatiza lo suficiente lo que significa ser discípulo de Jesucristo. Recordemos las palabras fuertes que dijo a quienes le seguían: "Si alguno quiere venir a mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame" "El que quiere seguirme y no toma su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo… Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todos lo que posee, no puede ser mí discípulo". Por otra parte, hay una extraña teología que enseña que es posible recibir a Jesucristo como Salvador, y no como Señor. Que se puede ser salvo, sin necesariamente ser discípulo. Que tener a Jesús como Señor representa una segunda experiencia reservada para quienes van a ser discípulos en lugar de ser ésto una demanda para todos creyentes. Es lamentable que en las iglesias haya tantos creyentes que no crecen, no maduran espiritualmente, y esto es una anormalidad que ya Pablo denuncia en 1 Corintios, lo mismo que el autor de la carta a los Hebreos. Esto es una anomalía. La Gran Comisión en Mateo 28:19 dice "haced discípulos" en lugar de "predicad el evangelio". La predicación del evangelio debe incluir la enseñanza que debe recibir el creyente para que Jesucristo sea su Salvador y su Señor.
Para muchos creyentes, todo quedó arreglado cuando hicieron profesión de fe en Cristo. Pero esto es una parte de la verdad: en ese día comenzamos a seguir el Maestro, iniciamos el discipulado, dimos el primer paso en la vida de fe. El paso de arrepentirnos y entregarnos a Cristo, debe ser renovado
cotidianamente: cada día debemos reconocer que necesitamos de su auxilio, constantemente debemos negarnos, para seguir el camino del servicio y entrega que recorrió el Maestro. No es posible descansar en una profesión lejana de la fe. Aquella fue la oportunidad decisivamente fundamental, pero debe representar el comienzo de nuestra entrega al Señor, a nuestros hermanos y al prójimo, a quienes debemos servir. Pues "el que no ama a su hermano a quien ha visto ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?".
Otro aspecto es el aburguesamiento de la iglesia. Es frecuente encontrar una fuerte mentalidad de consumo en los creyentes. Es correcto aspirar a tener los elementos necesarios a que tenemos acceso, siempre que esto no represente una meta en nuestras vidas.
Que no vivamos para cambiar los muebles, o el decorado, o comprar un automóvil mejor que el de nuestro vecino, y vivir así, esclavizado por las "cosas", lo que representa tener la mente del mundo, ¡Pero nosotros tenemos la mente de Cristo! (1 Co.2:16). "No os conforméis con este siglo, sin transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento" (Ro.12.2). Pensar como el mundo puede llegar a ser la actitud de la iglesia que se acomoda a este siglo, y necesita transformarse por la renovación de la forma de pensar en cuanto a los bienes materiales.
1. LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Muchos miembros de las iglesias no leen la Biblia. Es decir, pueden llegar a leer cortase porciones, tal vez en relación con un manual de meditaciones. Esto es importante, pero no es "leer la Biblia". Esto es: comenzar con un libro y leer algunos capítulos diariamente hasta terminarlo. Seguir con otro, hasta lograr al cabo de unos años haber leído la Biblia toda.
Nos llevaremos una sorpresa si individualmente averiguamos en la iglesia cuántos han leído la Biblia. Encontraremos algunos que ni siquiera han leído el Nuevo Testamento, simplemente porque no han adquirido el hábito de leer capítulos enteros hasta terminar un libro. Por lo tanto, estimulamos a todos a leer la Palabra de Dios. La lectura compresiva de la misma tendrá una gran influencia en la mente y acomodará la forma de pensar a la de Cristo. Esta práctica tendrá una influencia formidable en toda la iglesia.
2. ORACION. Estimulemos a los hermanos a la oración. Esto es algo que todos sabemos bien, pero sobre lo que es saludable insistir, y volver frecuentemente sobre el tema, tanto en lo que se refiere a la oración privada, como a compartir de la oración comunitaria en la iglesia.
3. PREDICACION DE LA PALABRA. La lectura y estudio privado de la Biblia no reemplazan a escuchar la predicación de todo el consejo de Dios en el seno de la iglesia. Es en el ambiente fraternal de la comunidad, donde hay un crecimiento armónico de todo el cuerpo, según Efesios 4.12-16, por el ministerio de la
predicación.
4. CENA DEL SEÑOR. También hay una bendición especial en el acto comunitario de "hacer memoria de Cristo" y adorar a Dios en la compañía de nuestros hermanos. Encontramos fraternalmente unidos cada primer día de la semana para vivir intensamente la comunión con el Señor y los hermanos, es un privilegio que no debemos desperdiciar.
5. DISCIPULADO. Preocupémonos para que los miembros de la iglesia no se conformen con haber sido salvados por el Señor, sino que aspiren a llega a ser verdaderos discípulos, reconociendo a Jesucristo como Señor y Salvador. Porque es tan importante este asunto, incluimos en este número un artículo del Dr. Donamaría, participante del Seminario, titulado COMO HACER DISCIPULOS. (Remitimos al lector a este ensayo, con una recomendación especial).
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