Por GUILLERMO COTTON
Al adoración es preludio de la Evangelización, como es también su fruto. Estos dos elementos de la vida cristiana, adoración y evangelización, están íntimamente vinculados. Es porque adoro a Dios que hallo la necesidad de hablar de El mi prójimo; es porque adoro a Jesucristo que quiero que otros se arrodillen conmigo ante El.
La "Expansión Espontánea", como se titulaba el libro que publicó en 1927 el misionero en la China, Roland Allan, es la meta deseable para la Iglesia. ¿Cuál es su secreto? La adoración sin la evangelización es una falsedad, una hipocresía. Los primeros cristianos evangelizaron con espontaneidad, porque adoraban a Cristo Jesús, y querían compartirlo con todo el mundo. Para poder comunicar de persona a persona es necesario que la experiencia cristiana sea real, simple, viva. Precisamos un tipo de evangelización que sea persistente, constante, y basada en la vida diaria de los creyentes, en fin, una evangelización espontánea.
PABLO EL PROTOTIPO
En 1 Ti.1:18 Pablo afirma que Dios le había escogido como un "ejemplo" de su misericordia. La palabra traducida "ejemplo" significa un prototipo, el primero de una serie. El contexto inmediato requiere que lo entendamos en el sentido de la salvación: si un perseguidor como Pablo podría ser salvo, la gracia de Dios sería suficiente para alcanzar a cualquier persona. Pero creo que tenemos derecho de extender su sentido a todo aspecto de la vida cristiana, y ¡cuánto más en su sentido de fervor y apremio evangelizador!
En 2 Co.5:10 y 6:2 Pablo explica que le habían impulsado en su labor evangelizadora, una labor hercúlea. Si hemos de renovar el sentido de apremio, tanto en nosotros mismos como en nuestras congregaciones, es necesario que estos motivos se repitan en nosotros, que tengamos ese espíritu paulino que expresa en 1 Co.9:22 : "Me he hecho igual a todos, para de alguna manera poder salvar a algunos". No podemos examinar todos los detalles de estos motivos, pero consideremos dos de ellos.
1) EL TEMOR DE DIOS, 5.11
"Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres". Nuestra tendencia es diluir el sentido de la palabra "temor" diciendo que equivale a la simple reverencia, pero esto no basta. El v.10 habla del tribunal de Cristo donde Pablo tendrá que rendir cuentas, y su argumento es, "Si nosotros …cuánto más ellos".
Vivía bajo el son del Día del Juicio. Devolvamos a la palabra su sentido de espanto y pavor, tal como siempre hallamos en el relato bíblico cuando es hombre se confronta con Dios. Si Pablo mismo, creyente, perdonado por la libre gracia, ha de rendir cuentas ante el tribunal de Cristo, ¿Cómo será el fin de los que no obedecen al mensaje de Dios (1 Pe.4:17)? Esto es lo que le impulsa a llamar a los hombres a reconciliarse con Dios.
¿Tenemos un alto concepto del juicio divino? Observemos aquí la obra de un príncipe entre los evangelistas, Juan Wesley. En su diario del 24 del enero de 1743 nos dice que predicó a una congregación que incluía "algunos de los ricos y nobles" de la ciudad. "Les declaré con toda claridad y sin adorno, que
1) por naturaleza eran todos hijos de la ira;
2) que su disposición era corrupta y abominable, como también todas sus palabras y obras;
3) que el hombre natural no tiene más fe que un diablo, si tiene tanto".
Wesley relata cómo uno de los oyentes, un conocido noble del reino, se levantó para salir, refunfuñando: "Es candente, emasiado candente". Wesley se dirigía hacia las multitudes, los pobres, los mineros, los fabriles, y miles volvieron a Dios. Como Pablo, Wesley, conociendo el temor del Señor, persuadía a los hombres.
Todos tenemos un deseo natural de caer simpáticos, de congraciarnos con los que nos rodean, y huimos de la responsabilidad de confrontarlos con el juicio divino. Más a Pablo no le interesaba ganar adeptos, sino que se dirigía hacia la conciencia del pecador.
2) EL AMOR DE CRISTO 5.14
Pablo atribuye sus esfuerzos evangelizadores al apremiante amor de Cristo, que le tiene apretado en la carrera de ganar a otros para su Señor.
Necesitamos ser hombres de pasión y de compasión. PASION, porque cualquier creyente debe servir al Señor "con corazón ferviente (literalmente, "hirviendo"). En las exhortaciones apostólicas, como cita de Ro. 12:11, no hay distinción de personas, no se dirigen a una clase especial, ministerial, sino al cuerpo en su entereza. La apatía espiritual mata al fervor evangelizador, y no lograremos alcanzar en lo más mínimo nuestro objetivo de evangelizar al país hasta que nuestras iglesias no sean conocidas por un fervor espiritual que afecte a todos los creyentes.
El Dr. Campbell Morgan escribió: "Ningún hombre es evangélico que no sea evangelizador. Un hombre me dice que es evangélico, que cree en la ruina del hombre y la redención provista de Cristo…pero no evangeliza. ¡Es una mentira! Es el peor traidor en el campamento de Cristo, y es por eso que Cristo odia a los hombres templados y las iglesias tibias" (Ap.3:16)
Hemos de ser personas de COMPASION. La pasión sin la compasión está siempre en el peligro de tornarse en fanatismo. Jim Jones era un hombre de pasión sin compasión. La historia de la religión está carcomida por este fenómeno. No hay verdadera fe sin el entusiasmo. Un cristiano "tibio" es una contradicción de terminología; una iglesia tibia es una negación de su fe y el mundo lo sabe.
¿Dónde está nuestra pasión y nuestra compasión? ¿Qué es lo que nos constriñe a predicar? ¿Amor a la oratoria, o amor a Cristo? ¿Anunciamos este mensaje porque nos conmueve y por amor a las personas que nos rodean? El Dr. Jowett en el siglo XIX nos cuenta de un joven misionero que había regresado a su país por causa de una penosa enfermedad, fruto de sus labores evangelizadoras.
"¿Por qué quieres volver? le preguntó. "Porque yo no puedo dormir, sin pensar en ellos". Jowett se lamentó, "Yo no puedo pensar en ellos, porque estoy dormido!" Tendremos que sangrar si hemos de ser heraldos de la sangre. La contemplación de la muerte vicaria de Cristo infunde en Pablo el mismo espíritu de abnegación y entrega: "la muerte de Cristo nos constriñe".
Termino con una pregunta, pregunta pertinente: "¿Cuál es el rol de la Iglesia como comunidad? Si el 10% de los miembros de una congregación evangélica demuestran capacidad evangelizadora,
¿cuál sería el rol de los demás? Creo que es proveer el ambiente dentro del cual el nuevo creyente pueda sentirse aceptado y crecer espiritualmente.
Muchas veces la fuerza de la evangelización se desperdicia porque el nuevo creyente se siente rechazado por la indiferencia y la apatía de la mayor parte de la congregación. Tienen sus grupos cerrados y círculos familiares y son incapaces de recibir un elemento nuevo que les trae más responsabilidades, más inquietudes. Pero según Pablo, ser comovido e impelido por el amor de Cristo es privilegio y obligación de todos los cristianos, de todos los que han sido justificados por la fe: "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Ro.5:3). ¿Podría yo llevar un nuevo creyente al criadero (mi congregación) con la certeza que sería bien incubado, nutrido y amado?
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