En su comentario sobre el Salmo 36, origines habla de los predicadores cristianos bajo la metáfora de que son saetas de Dios. "Todo aquel a través del cual Cristo habla, es decir los hombres rectos y los predicadores que exponen la palabra de Dios para traer la salvación a las personas -y no meramente los apóstoles y los profetas- pueden ser llamados saetas de Dios.
Pero, lo que más lamento", continúa, "es que veo pocas saetas de Dios. Hay pocos que hablan de tal manera de inflamar el corazón del que escucha, quitarlo del pecado y convertirlo al arrepentimiento. Pocos hablan de manera que el corazón de sus oyentes se sienta profundamente convencido y sus ojos derramen lágrimas de constricción.
Pocos develan la luz de la esperanza futura, la maravilla del cielo y la gloria del reino de Dios, de tal manera que, por su predicación, tengan éxito en persuadir a los hombres para que rechacen lo visible y busquen lo invisible, dejen de lado lo temporal y busquen lo eternal.
Hay muy pocos predicadores de este calibre". Teme que los celos profesionales y la rivalidad muy a menudo transformen a los pocos predicadores buenos y útiles para alcanzar a aquellos que tratan de ganar. Y continuamente en esa tónica humilde y sensible, orígenes comparte con el lector su temor de que él mismo pueda convertirse en un saeta del diablo que provoque la caída o el tropiezo de alguno, por lo que dice o hace.
"Algunas veces pensamos que hemos refutado a alguien y hablamos con mala disposición, y nos ponemos agresivos y discutidores mientras buscamos ganar nuestro caso, sin importarnos las expresiones utilizadas. Entonces el diablo toma nuestra boca y la utiliza como arco con el cual puede arrojar sus saetas.
Tal era el temor de un hombre del cual Eusebio pudo decir: "Como su doctrina, así era su vida; y como su vida, así era su doctrina. Fue así como, por la gracia de Dios, indujo a muchos a imitarlo". No resulta sorprendente que, con esa personalidad, muchos fueran los paganos que se acercaron a él para escuchar la palabra de Dios, aun en tiempos de persecución activa. Como él mismo lo dijo, hay demasiado pocos predicadores de ese calibre.
(Tomado del libro LA EVANGELIZACION EN LA IGLESIA PRIMITIVA, de
Michael Green, tomo 5, pág.189-191, de Editorial Certeza, libro
cuya lectura recomendamos).
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