Por JOSE YOUNG
Cuando tocamos el tema de la esperanza del creyente, con toda
razón pensamos en la resurrección y nuestro encuentro con Cristo.
El Nuevo Testamento habla mucho de la transformación profunda que
ocurrirá cuando este cuerpo se renueve. Pero para ser fieles al
tema tenemos que hablar también de Juicio. No es una cuestión
grata, pero sí es una advertencia que se repite en el Nuevo
Testamento, y que tenemos que tomar muy en serio.
Hay por supuesto dos enfoques muy diferentes al tema de juicio.
Hay el lado "positivo", en que la Biblia asegura que Dios pondrá
fin a toda injusticia y corregirá todo lo malo y distorsionado
del hombre. Pero también hay un lado "negativo", en que todos los
que somos de Cristo tendremos que rendirle cuentas a él. Este
segundo aspecto es que queremos considerar ahora.
Hay cierta tendencia a pensar que en el cielo todos seremos
iguales, que no habrá ninguna distinción. Pero al contrario
parase que habrá muchas sorpresas allá. En Mateo 7 el Señor
cuenta cómo rechazará a un grupo que le llaman Señor, y que aún
hacen milagros en su nombre. Y varias veces el mismo afirma que
muchos de los que parecen importantes ahora, incluso con
autoridad y privilegios en la Iglesia, estarán en el último lugar
en el Reino de Dios. A la vez que muchos hermanos casi
desconocidos, que con humildad han cumplido con la voluntad según
nuestras capacidades.
Quisiera mencionar dos aspectos de nuestra vida en que seremos
juzgados. El primero lo dijo el mismo Señor:"Mas yo os digo que
de toda palabra ociosa que digan los hombres, de ella darán
cuenta en el día del juicio" (Mt.12:36). Santiago destaca bien
que la lengua es sumamente peligrosa y que vez tras vez la
utilizamos para el mal. Es justo que debamos rendir cuentas de lo
que decimos, porque en un sentido real lo que decimos refleja lo
que somos. Si pudiéramos grabar todas las palabras de una persona
durante un día, es decir lo que dice en su hogar, en el
trabajo…todo, tendríamos una buena idea de que clase de
cristiano es.
Todos hemos dicho cosas que preferimos olvidar pero no podemos
lavarnos las manos. Con palabras hemos herido a muchas personas,
hemos hecho bastante daño, y ese es un factor que el Señor toma
en cuenta en la evaluación final de cada uno de sus hijos. Todos
estamos en un curso de entrenamiento en el Reino de Dios, y una de
las materias que tendremos que rendir es "Uso de la Lengua".
Otro aspecto de nuestras vidas que será evaluado en ese día, es
lo que hemos hecho. Hay una relación íntima y necesaria entre fe
y obras, entre amor hacia el Señor y obediencia. Santiago destaca
que la fe verdadera es aquella que actúa, que obra, y que la fe
sin obras es muerta (Stg.2:14-16). Así mismo el Señor insistió en
que el que ama, obedece, y sin obediencia no puede haber amor
(Jn.14:21-23).
Es justo entonces que el Señor mida nuestra fe y nuestro amor por
lo que hacemos. Es justo que otras de las materias que habremos
de rendir en la prueba final de la vida sea "Obras".
Hay varias parábolas del Señor que tratan del tema y explican
porqué es necesario y justo que sea así. Hay diversas ideas que
se repiten en esas parábolas: El dueño que tiene muchos
posesiones y gente que le sirve; va de viaje y deja a sus hombres
la responsabilidad de administrar sus bienes mientras está lejos.
Al ingresar premia a los que cumplieron bien dándoles una
responsabilidad mayor.
La aplicación para nosotros es bien clara y la podemos resumir en
las palabras: "El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo
mucho; y el que en lo poco es injusto, también en lo más es
injusto" (Lc.16:10). Sabemos muy bien que el Reino de Dios no es
una especie de historieta donde hemos de sentarnos sobre las
nubes a tocar el arpa. Esa es una distorsión de la verdad creada
por el diablo. En el Reino hay crecimiento, servicio,
responsabilidad (Ef.2:7,6; 2 Ti.2:12a; Lc.12:43,44; 19:17). Pero
la posición que tendremos en el Reino dependerá de nuestra
fidelidad en las responsabilidades que hemos recibido acá. El que
demuestra obediencia y fidelidad en lo que hace aquí, estará en
condiciones de ser útil al Señor allí.
Es importante notar que las palabras fuertes de Pablo en 1
Co.3:13-15 tienen que ver con lo que hacemos, no con lo que
somos. Según Pablo algunos podremos entrar en el Reino,
desprovistos de todo, con olor a humo pegado a la piel, porque
todo lo que hicimos se quemó, careciendo de valor, no merece
entrar en el Reino.
Que hemos sido salvados por fe y por gracia, es cierto. Pero eso
no niega en ninguna manera este juicio. El problema que
enfrentamos ahora no es si llegamos al siglo venidero, sino cómo
vamos a entrar. El perdón que recibimos que nos hizo hijos de
Dios, no cancela esa prueba final (juicio, evaluación, examen)
que tendremos que rendir frente a nuestro Señor como hijos de
Dios.
Termino con un versículo que resume el argumento, y que nos puede
servir de consuelo y advertencia: "No os engañéis; Dios no puede
ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también
segará". (Gá.6:7).
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