* Estamos a cinco años de concluir el siglo, pero no sólo eso, nuestra generación tendrá el privilegio de entrar al tercer milenio desde la venida al mundo de nuestro amado Señor.
La Iglesia también cumple un importante hito desde aquél día de Pentecostés, cuando descendió el Espíritu Santo con lenguas de fuego sobre los fieles reunidos en Jerusalén, hasta nuestros días.
* La iglesia de Cristo cumple 2000 años de peregrinaje en este mundo. Su antorcha está en nuestras manos en medio de un mundo que cambia de manera vertiginosa. La gran pregunta es ¿cómo mantener la vigencia del mensaje poderoso del evangelio y a la vez vivir a tono con los cambios que se van produciendo?
* Howard Snyder, de quien publicamos un interesante artículo (pág. 21) sugiere una propuesta para tener en cuenta: “…la iglesia transforma en mayor grado la sociedad cuando ella misma está creciendo y siendo perfeccionada en el amor de Cristo. En efecto, cuando la iglesia se considera simplemente como un medio para transformar a la sociedad, se logra muy poco”.
* El Dr. Samuel Escobar nos comentaba en unas Jornadas de Reflexión de la Escuela Bíblica, la importancia impredecible que va a tener en el futuro próximo el hecho que la Biblia al finalizar el siglo haya sido traducida a tantos idiomas y dialectos. ¿Veremos iglesias que surgen en medio del Amazonas, por ejemplo, por la lectura de la Biblia y la inspiración del Espíritu Santo, y con sus propios elementos culturales y su cosmovisión del mundo?
* El crecimiento de la iglesia en América Latina es un hecho asombroso al terminar el milenio. ¿Seremos mayoría religiosa en el 2000? ¿Causaremos un impacto social, político y económico en nuestro continente? ¿Seremos una iglesia fiel?
* Los encuentros caseros de estudio bíblico, la intimidad en pequeños grupos que buscan a Dios en meditación, oración y adoración, es mencionado por algunos autores (John Stott, Carlos Hernández) como un camino importante para la iglesia del futuro.
* Ha habido algunos cambios en la diagramación e ilustración de la revista, los cuales debemos a Fernando Baruj y Lilián de Tymoszczuk. Esperamos que sean de su agrado. Como dice uno de nuestros autores, existe la tensión entre el envase y el contenido. (Placeres, pág. ![]()
Esperamos que sean bendecidos con la lectura del presente número.
Ricardo Zandrino
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La Iglesia

