El mal tiene consecuencias corporativas. No solamente afecta a quien lo realiza, sino a la comunidad en la cual vive quien hace lo malo. El pecado de Adán lo llevó a él a la muerte, y junto con él a toda su descendencia. Corporatividad afectó a toda la raza humana que sufrió las consecuencias de la desobediencia, la mentira y la injusticia, en la miseria que reinó en el mundo.
El bien también tiene consecuencias corporativas. Por la obediencia y el bien de Jesucristo entró la vida en el mundo. Por su Justicia somos libertados del poder del mal. "Así como el pecado tuvo poder para traer muerte, así también al recibir la justicia de Dios, su bondad tuvo poder para darnos vida eterna por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Ro.5:21).
Jesús dijo: "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres". Es importante que tengamos una clara convicción de esta enseñanza, para que sepamos que si nos entregamos al Señor cotidianamente, él nos conducirá, con el poder de su Gracia, a vivir libres de la esclavitud del pecado. Pero es imprescindible la constante y responsable entrega.
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