Necesitamos recordar que Jesús dijo que debemos negarnos
a nosotros mismos, y llevar la cruz cada día, si queremos ser sus
discípulos. Se trata entonces de adoptar una actitud que cambie
frontalmente la actitud del hombre natural.
Negarnos, es entregar
nuestra voluntad. tomar la cruz, es estar dispuestos a sufrir, en
lugar de buscar nuestra propia satisfacción. Es decir, Cristo
quiere que asumamos su misma actitud frente a la vida. Quiere ser
formado en nosotros. Quiere que tengamos su Espíritu, que
lleguemos a ser como él.
Madurar es progresar, crecer en este camino.
Y aunque se nos ocurre algo muy difícil, es posible, en tanto
permitamos que cada día se renueve nuestra entrega al poder de su
gracia. Elevemos una oración cada mañana: "¡Señor, quiero vivir
contigo este día! Haz que lo viva conciente de su presencia a mi
lado y en mi. Que yo permita que el Espíritu Santo ejerza su
poder liberador en mi vida seriamente comprometidos con Cristo y
con la iglesia.
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