En un sentido, es solamente en el seno de la comunidad cristiana
en que podemos adquirir madurez. Y esto implica una actividad
comunitaria en la cual crecemos, más bien que obtener simplemente
un crecimiento individual. Es interesante notar que Pablo al
escribir a los Corintios, dice de ellos como iglesia, que aún son
como niños, que no se han desarrollado. En cambio, cuando escribe
a los Filipenses, se dirige a una iglesia desarrollada. Lo cual
no significa que no tenga defectos: y menciona el pleito entre
Evodia y Síntique.
Debemos insistir en que en el Nuevo Testamento no hallamos tal
cosa como un creyente separado del contexto de la iglesia. No
existe el cristiano solitario, siempre es comunitario. Es por
esto que al hablar de madurez, debemos insistir que no la podemos
lograr aislados de la iglesia. Nos necesitamos mutuamente para ir
logrando, a la par que una madurez individual, al madurez de la
familia eclesial. El Compromiso Cristiano siempre habrá de ser
Compromiso con el Señor y con su iglesia.
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