Por MIGUEL ANGEL ZANDRINO
La muerte es para el ser humano una experiencia terrible. Durante
toda nuestra existencia estamos tratando de alejar la idea de que
tendremos que morir, y de hecho actuamos como si en realidad
fuéramos eternos.
Por más fe que profese el cristiano, no deja de sentir, en mayor
o en menor grado, ansiedad ante la muerte. Hay algunas culturas
orientales que quitan valor a la muerte física, y algo parecido
ocurría con los estoicos; sin embargo, la Biblia habla de ella
como de "el rey de los espantos" (Job.18:14), y es un enemigo tan
poderoso, que será el último que será definitivamente vencido (1
Co.15:26). Es natural por lo tanto temer a la muerte.
La muerte no es tanto un suceso como un proceso. No se trata de
un acontecimiento que interrumpe la vida de un ser, sino mas bien
de la culminación de un camino que comienza con el nacimiento.
El proceso de la vida está trastornado desde su origen. Dios
estableció un orden perfecto para la vida , y el pecado lo
adulteró, y el proceso vital quedó deteriorado.
En la Biblia la vida es comunión con Dios, y la muerte es
separación de él. No se hace diferencia entre la vida física y
vida espiritual, y la misma palabra con que se designa a la
muerte biológica se utiliza para expresar la separación de Dios
por el pecado.
Por eso la sentencia de Génesis 2:17 "el día que
comiereis, moriréis" se cumple puesto que en ese preciso momento
Adán y Eva quedaron separados de Dios, rompiendo la relación de
intimidad con él, y comenzaron a caminar hacia la muerte física.
Desde entonces la Palabra de Dios nos pone ante dos caminos
entre los que el hombre tendrá que elegir libremente: "Mira, yo
he puesto delante de ti hoy, la vida y el bien, la muerte y el
mal…escoge pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia"
(Dt.30:15®19).
Sin embargo seguir el camino que Dios aconseja no significa
"religiosidad". No es cumplir con preceptos que naturalmente son
agobiantes. Esto es lo que hacían los fariseos, y el resultado
para ellos era la muerte, ya que Jesús los llama "sepulcros".
Todo el esfuerzo que el hombre quiera hacer para alcanzar la
vida, lo conduce inevitablemente a la muerte. De este conflicto
nos habla Pablo en Romanos capítulos 6 y 7. en donde todo el
esfuerzo que el hombre hace por cumplir la ley, lo esclaviza y
conduce a un drama de desesperada impotencia.
Así como el pecado conduce a la muerte, y ésta entró en el mundo
por la desobediencia e injusticia de Adán, la vida entró por la
obediencia y justicia de un hombre: Jesucristo. Por la fe en
Cristo el hombre se libera de la esclavitud del pecado y de la
muerte.
La recomendación deuteronómica de elegir la vida y el bien sigue
siendo válida. Y delante de todos los hombres Dios pone la
alternativa: La vida y el bien, que se adquieren por la fe en
Cristo, quien ha sacado a luz la vida y la inmortalidad por el
evangelio; y la muerte y el mal que permanecen firmemente unidas
para quienes son indiferentes a Dios, o sólo recurren a la
religiosidad. Pensamientos sugeridos por la lectura del capítulo "Sentido
de la muerte" de su libro "Biblia y Medicina".
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