Por A.T.C.
FALSTAFF, LA MUERTE Y NOSOTROS
Hace algunos años me visitó un cura católico. Venía por asuntosde trabajo. ¡De mi trabajo se sobreentiende! En ese tiempovivíamos en uno de esos barrios familiares en que todo el mundose interesa en lo que hace el vecino. Tan pronto como se fue elcura, la viuda de enfrente se acercó para preguntar si teníamosalgún enfermo grave.
Y el señor de la esquina vino, al rato, conla misma pregunta. Tuvimos que repetir media docena de veces laexplicación: que el hecho que un cura viniese a nuestra casa nosignificaba en modo alguno que hubiera moribundo en ella.
¡Cuánta gente sólo se acuerda de Dios y de sus cosas cuando estáfrente a la muerte!
En un pasaje de Enrique V, de Shakespeare, Mistress Quicklvdescribe los esfuerzos que hizo por apartar los pensamientos deFalstaff de la muerte: "Pero, Sir John -le dice- ¡ánimo! Y élgritó: ¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!, tres o cuatro veces. Y yo paraconsolarlo le dije que no debía pensar en Dios. Que no habíaporque preocuparse con esos pensamiento ahora".
Mis vecinos como Mistress Quickly, como muchos mortales, sólopiensan en Dios como en un crucifijo, algo relacionado con laextrema unción. Hay mucho de crucifijo en la fe de muchoscristianos. Tienen la impresión de que el Salvador es un muerto aquien debemos llorar. Y a menudo olvidamos a aquel que es el Alfay la Omega, el primero y el último, es el que "da la fuente deagua viva gratuitamente", y que nos dice "he sido muerto y heaquí vivo por los siglos de los siglos". Amén.
Lo que antecede lo escribí hace muchos años, y fue publicado enun libro y en varias revistas. En el intervalo he cambiado deopinión sobre una mar de cosas, pero no en cuanto a mi Cristocomo el Señor de la Vida.
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En su magistral "Milonga de Manuel Flores", Borges dice: "ManuelFlores va a morir/ Eso es moneda corriente./ Morir es unacostumbre/ Que sabe tener la gente"”
Efectivamente. Es muy cierto lo que Borges pone de un modopintoresco en los labios de su personaje. Morir es monedacorriente. Y es una costumbre que "sabe tener la gente". Haycostumbres que se pueden modificar, o perder. Con esta no esposible.
Lo malo es que siempre pensamos en la suerte ajena.Raras veces o nunca, la gente joven piensa en la propia. Pero losque nos vamos acercando al fin de jornada, querámoslo o no,tenemos que pensar en nuestra más o menos próxima desapariciónfísica, como "paga del pecado". Claro que, los creyentes enCristo tenemos la esperanza bienaventurada de que él ha de venira buscarnos sin que tengamos que seguir "esa costumbre que sabetener la gente".
Pero si nuestro Señor tarda su venida, estaosseguros, segurísimos, que "ni la muerte,£ ni la vida…ni lopresente, ni lo por venir nos podrá separar del amor de Dios". Yque si la muerte nos llegara será simplemente la puerta a unavida en que estaremos "para siempre con el Señor".
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