En un diario de Buenos Aires hallamos la siguiente nota: "En uno de los pocos bancos existentes de la plaza, estaba sentada una muchacha de discreto aspecto y vestimenta, absorta en la lectura de un libro. La curiosidad nos picó por saber cuál sería la obra que la tenía tan prendada, en medio del esplendor estival y el trajín de la gente. No, no eran las obras completas de un clásico, ni un frívolo best-seller a la moda, ya que pasando indiscretamente detrás de ella, vimos que leía en la Biblia un pasaje del Antiguo Testamento. Un lápiz y un cuaderno completaban el cuadro y el suspenso… Allí al menos, el libro de los libros recobraba algo de su trascendente dignidad, entre las manos femeninas, y ese rostro atento, bajo la verde floresta".
Aquí está cumplido el propósito: lograr creyentes y líderes absortos en la lectura de la Palabra de Dios. Cada vez que nos acercamos a la Biblia necesitamos ese rostro atento y de suspenso. Creemos que así edificaremos la casa de Dios, el cuerpo de Cristo.
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Leer y estudiar la Biblia
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