por GUILLERMO COTTON
La palabra "alegoría" es definida en el diccionario como: "ficción que representa un objeto al espíritu, de modo que despierte el pensamiento de otro objeto". Notamos el concepto de "ficción" presente en toda alegoría. La interpretación alegórica de la Biblia introduce algo ajeno y hasta discordante con la intensión original del autor.
Se cuenta que en 1949 Golda Meir se encontró con un viejo judío yemenita, quien acababa de llega por avión desde Aden a Israel. Golda Meir se le acercó y le preguntó si había visto anteriormente un avión - No - respondió. -¿Acaso tuvo miedo? - volvió a preguntar la señora Meir. - ¡De ninguna manera! - respondió - todo esto está previsto por el profeta Isaías: " los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como águilas". Por supuesto, nada más alejado del pensamiento de Isaías que avión moderno, pero el viejo judío introducía en el texto conceptos de su propia experiencia.
El problema de la interpretación alegórica lo observamos continuamente. Recuerdo un Señor que me dijo que nosotros vivimos hoy bajo el signo de Aries, porque la Biblia dice que Jesús vivía bajo el signo de Piscis, el pez. Cuando le pregunté por el texto bíblico, señaló Marcos 14.13, donde leemos del hombre que llevaba un cántaro de agua por las calles de Jerusalén y me aseguró que el agua, siendo el ambiente natural del pez, era símbolo del tiempo de Piscis.
Este ejemplo ilustra el problema de la interpretación alegórica de las Escrituras: llega a ser masilla en las manos del lector. No hay reglas. Todo es arbitrario, y cada uno inventa su propio sistema de interpretación. Un ejemplo de esto es la interpretación musulmana de ciertos pasajes bíblicos. Cuando el profeta Isaías vio: "jinetes… montados sobre asnos, montados sobre camellos", los musulmanes explican que el jinete sobre el asno representa a Jesús, mientras el jinete sobre el camello representa al árabe Mahoma, fundador del Islamismo. La parábola de Mateo 20.1-6 de los obreros contratados a la mañana, al mediodía y a la hora undécima, son interpretados como los judíos, los cristianos y los musulmanes; cuando Juan habla "del espíritu que es Dios", se lo aplica a Mahoma, porque él anunció que Jesús era un verdadero hombre y no Dios.
El lector reconocerá cuán arbitrario es este tipo de interpretación, pero no está restringido a los musulmanes. Los mormones apelan a Isaías 29.4 para probar que José Smith había de hallar el Libro Mormón escondido en un cerro: "Hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como de un fantasma y tu habla susurrará desde el polvo", pero un estudio del pasaje demuestra que Isaías está hablando de la destrucción de Jerusalén y su reducción a un montón de escombros y polvo.
Hace algunos años leí una encíclica papal que decía: "Como dice
Maria - Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros". Atónito tomé la Biblia y hallé las palabras de Pablo dirigidas a los Gálatas (Gá.4.19), que no se las puede poner arbitrariamente en la boca de María. Más adelante en la misma encíclica hallé una interpretación de las palabras de Jesús en la Cruz, que me dejó asombrado: "Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien él amaba… dijo a su madre: mujer, he ahí tu hijo", con estas palabras, dice la encíclica "Jesús estaba entregando a la humanidad en las manos de su madre". Nada está más lejos del sentido natural de las palabras, pero una vez más las Escrituras habían llegado a ser masilla en las manos del intérprete.
La interpretación alegórica impone sobre el texto un significado que no está presente en las palabras del autor, y no se le habría ocurrido interpretarlas así. Y este sistema de interpretación no está restringido a judíos, musulmanes, mormones y católicos, sino que se halla muy difundido en círculos evangélicos.
Recuerdo que cuando era recién convertido, leía un libro de meditaciones diarias basadas en un capítulo bíblico. Todo iba bien hasta que llegamos a las restricciones dietéticas judías anotadas en Levítico 11. Me quedé perplejo y me pregunté qué sacaría el autor de todo eso, pero nos explicó solemnemente que el hecho de que los judíos podían comer de todo animal "que tiene pezuña hendida y rumia", significa que debemos separarnos del mundo y meditar en las Escrituras. Tal explicación es forzada y arbitraria y no guarda ninguna relación con el pensamiento del autor.
Un ejemplo de interpretación alegórica bastante difundido en círculos evangélicos es la aplicación, y es evidente que está describiendo las condiciones corrientes de iglesias concretas en sus días. Hay una secta que lleva esta interpretación un paso más, aduciendo que hay siete mensajeros o ángeles, uno para cada iglesia, tiene que haber siete hombres escogidos por Dios a través de la historia, que son: Pablo, Irineo, Agustín, Lutero, Wesley, Spurgeon, y por supuesto Branham, el fundador de la secta. Aplicaciones así son completamente arbitrarias, y otra vez las Escrituras han llegado a ser masilla en manos del intérprete.
La interpretación alegórica no es algo nuevo. Justino Mártir vio una figura de la cruz en la escena de Moisés levantando sus brazos en la batalla contra Amalec, mientras afirmó que como Noé fue salvado por madera y agua, así los cristianos son salvados por la cruz y el bautismo. Clemente de Alejandría vio un significado espiritual en cada detalle del hijo pródigo: el vestido nuevo, la inmortalidad; los zapatos, el progreso del alma; el becerro gordo, Cristo como el sustento del alma. Orígenes vio a la Biblia como un vasto océano, un laberinto de misterios. Cada línea, aún cada palabra de los autores bíblicos, estaba llena de significado místico: "La Biblia es una gran alegoría, un tremendo sacramento en que cada detalle es simbólico" (Daniélou). Cada nombre propio, cada número, todos los animales, plantas y metales mencionados en la Biblia le parecían a Orígenes estar repletos de alegorías de verdades espirituales o teológicas.
Ya en la Edad Media la interpretación alegórica fue la norma de
la iglesia. Todas las tradiciones y elementos paganos adquiridos por la iglesia podían ser hallados en la Biblia mediante la alegoría. En el siglo XIV el principal erudito era Nicolás de Lyra, quien insinuó, en sus comentarios sobre el texto bíblico, la primacía del sentido literal en la interpretación. El sentido literal debía ser el único que se usara para probar una doctrina. En el tiempo de la Reforma los católicos teñían un dicho: "Cuando Nicolás de Lyra tocaba una flauta, Lutero bailaba". Es cierto. Lutero rechazaba firmemente la interpretación alegórica. Dice: "Cuando yo era monje era adepto a la alegoría. Alegorizaba todo pero, cuando llegué a tener conocimiento de Cristo, vi que Cristo no es una alegoría". En otra parte dice: "La primer tarea del lector cristiano debe ser buscar el sentido literario… porque sólo esto es la sustancia total de la fe y la teología cristianas". Tyndale, el primer traductor de la Biblia al inglés, dijo: "Aprende pues, que la Escritura tiene un sólo sentido, el literario, y que este sentido es la raíz y fundamento de todo, y el ancla que nunca falla, y a la cual, si se aferran, nunca podrán errar o desviarse".
Finalmente escuchemos lo que nos dice Juan Calvino: "Sepamos, pues que el verdadero sentido de la Escritura es el sentido natural y obvio, abracémoslo, entonces, y permanezcamos en él resueltamente".
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