Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

¿ORAN LOS HOMBRES HOY?

por MIGUEL ANGEL ZANDRINO

DE HECHO, muchos hombres y mujeres de nuestra generación, muchos más de lo que pensamos o creemos, oran. ¿Es que la oración no es una práctica superada por la civilización moderna? ¿No vivimos en el siglo en que la ciencia ha realizado sus más grandes conquistas? ¿No es este el momento en que la cultura ha logrado sus mayores triunfos? ¿No ha realizado la medicina espectaculares avances? ¿No se han descubiertos acaso medicamentos realmente milagrosos?

¿No se han obtenido fármacos para el insomnio, la tristeza, la ansiedad, el desaliento, y para controlar todo desequilibrio anímico? ¿No puede acaso el hombre confiar en todos los adelantos de la técnica, y disfrutar del confort, de la música, de la alegría, y de la felicidad que le ofrece la sociedad moderna?
En primer lugar, no todos tienen acceso a los logros de la ciencia, la técnica o los bienes del mundo moderno.

Después de todo la técnica, la cultura, la política, la economía, o cualquiera otra actividad humana no ha cambiado la naturaleza miserable y egoísta del hombre. El hombre sigue siendo terriblemente malvado, y en la más refinada sociedad que pudiéramos imaginar, el hombre sigue siendo "el lobo del hombre".
Por otra parte, tener abundancia de bienes, no garantiza la felicidad o la paz interior. No importa si se trata de pobres o ricos, los seres humanos encuentran a diario circunstancias que no pueden controlar. Los problemas que les plantea la vida desbordan su capacidad. Y cuando esto ocurre, el hombre siente el impulso de buscar auxilio en un Ser superior.

La muerte de un ser querido, deja al ser humano abatido y desconcertado: la muerte sigue siendo un misterio aterrador. Sufrir la estrechez de una economía mezquina que no permita obtener ni lo indispensable para sostener la familia, llena de angustia y desesperación. Sentirse infinitamente solitario llena el alma de tristeza. Reñir y perder una amistad querida, o perder un empleo, o hallarse ante un grave e inminente peligro, o sentirse profundamente deprimido, son situaciones que desbordan frecuentemente a los hombres. Y la lista de adversidades de esta categoría que podríamos confeccionar, no tendría fin.
Cuando se viven momentos supremos que nos aplastan, el alma naturalmente busca a Dios en la oración, que muchas veces no pasa de ser una brevísima súplica: "¡Señor, ayúdame!"

Pero esta no es la oración del cristiano

Esta oración es un impulso que brota ante la impotencia, frente a lo insuperable. Sin embargo es una oración que Dios escucha, porque para entrar en contacto con Dios, siempre es necesario que nos encontremos viviendo la intensidad de nuestra debilidad e impotencia.

Jesús dijo a los fariseos que los sanos no tenían necesidad de médico, y que él había venido a buscar y al salvar lo que se había perdido.

Y quienes hemos llegado a ser cristianos ha sido porque un día nos sentimos solos, temerosos, culpables, vencidos y perdidos. Y escuchamos hablar de Jesucristo, que había venido a buscar y a salvar lo que se había perdido. Y aunque tal vez no entendiéramos mucho de todo lo que esto significaba, el Espíritu de Dios nos impulsó a pronunciar una corta súplica: "¡Señor, sálvame!" Este deseo nos puso delante de quien había realizado el infinitamente largo camino al hacerse hombre, y venir la nuestro encuentro para salvarnos.

Y lo que encontramos en el instante en que lo buscamos, en que invocamos su nombre. Este encuentro con Jesucristo fue algo vivo que nos condujo a Dios, y recibimos su vida y una nueva naturaleza por el Espíritu Santo que vino a llenar nuestra interioridad.

Esta relación filial nos permitió en adelante, orar con las palabras del Padrenuestro. Una oración viva que reconoce el Señorío y la Santidad de Dios a quien nos sometemos para que reine en nuestra vida. A quien pedimos por nuestras necesidades materiales. Prometemos al Padre perdonar a todos quienes nos rodean, porque tenemos la alegría infinita de haber sido perdonados por Dios. Y rogamos que nos cuide del Malo, el dios de este mundo, cuyo reino hemos abandonado al ingresar al reino de Dios.

Y el cristiano debe orar siempre: en los momentos buenos y en los malos. Por sí mismo, por los suyos y por todos. Debe dar gracias a Dios por lo que continuamente recibe. Debe orar por su familia, su iglesia y por la sociedad que lo rodea. La oración del cristiano no es un acto espasmódico que surge en la dificultad. Sino que está entretejida con toda su vida.

¿PORQUE ORAN LOS HOMBRES HOY? – Porque la oración es una aptitud del espíritu humano que lo impulsa a proyectarse hacia Dios, cada vez que se siente abrumado por lo insuperable, por lo misterioso, por lo infinito, por el drama existencial. Dice Eclesiastés 3:11 que Dios "todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón del hombre, sin que  alcance éste a entender la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin".

Esta declaración nos explica que la oración y la fe brotan naturalmente del hombre. Pues como el pensamiento reflexivo, la voluntad, la afectividad, la libertad o la creatividad son aptitudes del espíritu humano, también lo son la oración y la fe.

El sentido de eternidad e infinitud que Dios puso en el Hombre, es estimulado cuando se vive la crueldad de la contingencia, y nace espontánea la oración como el reconocimiento instintivo de hallar una respuesta en Dios. Y si esto va junto con la palabra del evangelio de Jesucristo, y el Espíritu de Dios nos hace sentir el peso de nuestra maldad y nos enfrenta con el Señor Jesús, la oración nos conduce a un encuentro vivo y real con él, que transforma toda nuestra existencia.

2 comentarios

Agregar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

8 + 4 =