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La Oración, ¿Monólogo o Diálogo?

por JOSE YOUNG

 
¿QUE SIGNIFICA la oración cristiana? Hay millones de personas en todo el mundo que oran a sus dioses. ¿Hay algo que distingue nuestra oración de la de aquéllos? Sí, y muy importante, que la oración cristiana no es monólogo, sino diálogo.

Y esto tiene que ver con el carácter personal de nuestra oración.

No nos dirigimos a una deidad indefinida, sino a Dios que nos ama y se nos acercó en Jesucristo. Que se interesa por nosotros, nos tiene compasión y dice que le agrada que estemos en comunicación con él (Jn.4:23).

A veces se dice que orar es entrevistarse con el presidente de la Nación: es necesario hacerlo con toda dignidad y solemnidad que la ocasión exige. Es verdad, pero sólo en parte. Es cierto que Dios es el Soberano, el "Presidente" del universo, pero también es nuestro Padre.<D> No vamos a él para hacerle una entrevista formal, sino como hijos que aman a su padre y quieren conversar con él. Hablamos con alguien que está de nuestro lado, que quiere escucharnos, que se interesa por nuestros asuntos, que nos ha perdonado y nos acepta plenamente apesar de nuestras debilidades.

Pero esta intimidad afecta a nuestra manera de orar. Pienso ahora en cinco aspectos importantes de la oración.

Un ejemplo: si sólo oramos en situaciones de emergencia,<D> o cuando tenemos una necesidad especial, perdemos muchos de los beneficios que la oración nos reporta. De esa manera estamos demostrando que no tenemos demasiado interés en Dios mismo, sino en lo que él nos pueda dar. Parecería que pensamos que sólo existe para sacarnos de apuros y no nos importa el hecho de que no le hacemos caso en la vida cotidiana.

Tal práctica se asemeja más a la magia que a la oración cristiana. La magia trata de manipular los poderes espirituales, y en esencia es impersonal. La verdadera oración cristiana brota del afecto de un hijo por su Padre, y se basa en el conocimiento y la confianza mutuos.

Otro caso: si la oración es una conversación con nuestro Padre,<D> ¿cómo vamos a darle un discurso? Orar no es predicar un sermón. Ni es pretexto para exhortar a los hermanos en la reunión de oración. El mismo Señor advirtió contra los que piensan que por su palabrería serán oídos (Mt.6:7). Lo importante es no cuánto decimos, sino qué y cómo lo decimos.

Estoy seguro que si pudiéramos presentarnos fisicamente frente al Señor cuidaríamos mucho nuestras palabras. ¿Pero, es menos real su presencia con nosotros ahora? Un sincero "Gracias, Padre, porque eres tan bueno" pesa mucho más que un largo discurso pronunciado por costumbre.

 

Un tercer aspecto de la oración cristiana es la honestida<B>d£. Normalmente en una entrevista, no revelamos de nosotros mismos más de lo prudente. Pero el Padre nos lee como un libro. No hay ningún pensamiento que podamos esconder de él (He.4:12-13). De ahí nace la necesidad de la confesión. La relación abierta con el Padre se mantiene por la confesión honesta de faltas afirmada en el arrepentimiento y en la búsqueda del perdón.

También nace la necesidad de quitar la "máscara", de huir de toda pretensión delante de Dios, de rechazar las posturas religiosas y artificiales. Si no podemos esconder nada, entonces no hay necesidad de fingir que todo anda bien cuando en realidad hemos fracasado. El clamar ¡Paz, paz! Cuando en realidad vivimos en momentos de turbación, no es espiritualidad, sino falta de honestidad (Jer.6:13-14).

Un cuarto aspecto lo sugiere Colosenses 4:2.<D> El hijo que mantiene una relación íntima con su Padre, permanece siempre a la expectativa. Ha confiado sus necesidades y preocupaciones al Padre y sabe que le va a responder en la manera que más conviene. Vigila para reconocer esa respuesta. Siente la necesidad de discernirla porque sólo así puede agradecer al Padre por ella.

Todos los que somos padres nos sentimos bien cuando un hijo nos agradece por algo ¡Tanto más merece gratitud nuestro Padre celestial! Es una consecuencia natural que brota de la intimidad de esa relación. Si no le agradecemos, es porque la relación se ha despersonalizado. Se habrá reducido al trato ritualista de las religiones paganas.

El quinto aspecto de la oración basada en un trato personal entre Padre e hijo, ya lo dijimos no se trata de un monólogo sino de un diálogo.<D> La persona que siempre monopoliza la conversación, nunca da lugar al interlocutor, demuestra una absoluta falta de respeto. En este caso la otra persona es Dios.

Entonces no sólo debemos cuidar nuestras palabras, y acercarnos a él con toda honestidad, sino también darle la oportunidad para que nos responda.

Dejar lugar en la oración para el silencio, para la espera, no es perder tiempo. Es más importante la respuesta de Dios que no conocemos, que nuestra petición que él sí conoce.

Lo importante es no llenar el tiempo con tantas palabras que no le demos a Dios ocasión de hablarnos. El complemento indispensable de la oración es la lectura y meditación de la Palabra. Leemos la Biblia y meditamos en ella, y el Espíritu de Dios nos ayuda a entenderla (1 Co.2:1-11). Oramos y meditamos sobre las cosas de Dios y el Espíritu nos ayuda a orar (Ro.8:26).

Estas tres cosas, la Palabra, la meditación y la oración, deben unirse de tal manera que esta última resulte un diálogo, una verdadera conversación con Dios.

¿Cuál es, entonces, el factor que hace que nuestra oración sea tan distinta? Es sencillamente la relación personal e íntima con el Padre, que permite que la oración no sea un rito religioso, sino una conversación abierta y honesta entre dos seres que se aman.

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