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Excusas Frecuentes para no Orar

No tengo Tiempo para Orar 

Es indiscutible la presión del tiempo sobre los hombres y mujeres de hoy. Dobles trabajos, horas extras, largos viajes en ómnibus, reducen nuestro tiempo libre, así que naturalmente concluimos que no nos queda tiempo para orar.

Pero apenas examinamos un poco el problema de cómo distribuimos nuestro día de actividades, nos damos cuenta que no será difícil obtener treinta minutos tranquilos para la lectura de la Biblia y la oración personal.

Por lo tanto, alegar que no tenemos tiempo, es simplemente una excusa, y lo hallaríamos para realizar muchas otras tareas.

¿No valdría la pena preocuparse para que cada día pudiéramos disponer, por lo menos treinta minutos para leer la Biblia, meditar en su mensaje y entregarnos a la oración? Será importantísimo que se trate de un momento particularmente tranquilo, en el que no seamos interrumpidos, inviolable.

Seguramente que nuestro día tiene en algún lugar esos minutos que reservaremos para nuestra comunión íntima con Dios.
 

TERMINO EL DIA DEMASIADO CANSADO  

Por supuesto, podemos elegir el momento de oración antes de comenzar nuestras actividades. Y de hecho, debiéramos todos los días empezarlo encomendándonos al cuidado de Dios. Aunque más no sea que con una brevísima oración: "Señor, al comenzar este día, te ruego que me hagas sentir tu presencia y me acompañes en todo momento.

¡Correremos juntos el día, Señor!". Si los mínimos 30 minutos no lo podemos lograr ahora, en algún momento del día estarán, y aunque nos hallemos muy cansados, nos ayudarán a tranquilizar nuestro espíritu y nuestro propio cuerpo. Nos hará mucho bien entablar un diálogo con Dios.

Recordemos que Jesús dijo: "Vengan a mí los que están cansados de sus trabajos y de sus cargas, y yo les daré descanso".

 
TENGO DEMASIADOS PROBLEMAS

Y cuando quiero orar, las preocupaciones me perturban, a veces la falta de dinero, o la enfermedad de algún familiar, problemas en el trabajo, disgustos… en fin tantas cosas. ¡Precisamente, aprendamos a llevar a Dios nuestros problemas! Recordemos que "si él cuida de las aves, también cuidará de mí".

Lo importante no es tanto la grandeza de Dios, porque lo reconocemos como Creador del Universo, pero es conmovedor que él se interese por cada uno de nosotros y nos prometa su asistencia. No nos distraigamos pensando en las cosas que nos preocupan cuando estamos dispuestos a orar. Comencemos diciéndole: "Te doy gracias Señor, que tú te preocupas de todos mis problemas ¡y puedes resolverlos a todos!

Dame ahora la tranquilidad necesaria para disfrutar de este momento de comunión contigo".

 

LA ORACION EN LA FAMILIA CRISTIANA

La iglesia es nuestra familia. La oración comunitaria es uno de los auxilios más fuertes que Dios ha provisto para nuestra vida  espiritual. Al orar en comunidad, nos ayudamos mutuamente. La oración de mi hermano alimenta mi oración, y hace que yo desee estimular a mis hermanos con mi oración ferviente.

La oración nos une con Dios y estrecha nuestros lazos fraternales. Que Dios nos conceda descubrir y comprender que la oración en la iglesia es un sublime ministerio en el cual debemos ejercitarnos, para nuestro bien y para la salud espiritual de la iglesia. Salimos enriquecidos y fortalecidos de cada reunión de oración. ¿Seremos tan necios como para despreciar las oportunidades que se nos dan de orar en comunidad? ¿Perderemos el privilegio de asistir a las reuniones de oración de la iglesia por causas injustificadas?

¡Que Dios me conceda la bendición de comprender el beneficio que recibo y otorgo al orar con mis hermanos!

 

NO TENGO DESEOS DE ORAR

Esto es grave, pero lamentablemente es una actitud muy generalizada entre los cristianos. Por supuesto se  trata de cristianos enfermos, realmente enfermos. Que deben reflexionar y al comprender que están enfermos sientan un fuerte deseo de curarse. Y la primer medicina que deben tomar es la oración. ¿Te ocurre que no deseas orar? ¿Te das cuenta que eso implica una enfermedad espiritual? ¿Deseas curarte? ¡Comienza en este mismo instante una plegaria, que el Señor te contestará! Por ejemplo, debes decirle: "¡Dios mío! estoy preocupado porque no tengo deseos de orar. Y yo quisiera hacerlo todos los días, y disfrutar orando. Hazme sentir la necesidad de orar, enséñame a hacerlo de tal manera que el momento de la oración sea hermoso y alegre para mí."

o es extraño que nos ocurran estas cosas, ya que el diablo nos distrae con mil asuntos que nos perturban cuando quisiéramos orar, hasta que llega el momento en que perdemos el hábito, y en consecuencia el deseo de orar. Y lo que decimos de la oración podemos decirlo de la lectura de la Biblia, de asistir a la iglesia a escuchar la Palabra de Dios con nuestros hermanos, y de vivir todos los días las demandas del evangelio.

Nada de esto es fácil. Y no podemos hacerlo solos. Pero Dios siempre está cerca, nos escucha, aviva el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros, y nos da el impulso que necesitamos para rehacer nuestra vida espiritual. "Señor, dame deseos de orar".
 


 


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