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Oraciones Escritas

por MIGUEL ANGEL ZANDRINO

EN MUCHOS AMBIENTES hay muchas reservas sobre las oraciones escritas. Se aceptacomo axiomático que la oración deberá ser oral e improvisada, tanto la personal como la comunitaria. Y creo que en ambos casos confundimos lo de "oral e improvisada" con lo de "auténtica y espontánea".

Por otra parte el Antiguo y el Nuevo Testamento nos ofrecen numerosas oraciones escritas. Algunas han de haber sido escritas para ser pronunciadas públicamente, como la oración de Salomón en la dedicación del Templo. Lo cual no quita en absoluto que fuera una plegaria espontánea que nacía del corazón agradecido del rey, por haberle concedido Dios el privilegio de construir el magnífico Templo que dedicaba a su servicio.

Podemos imaginar a Salomón lleno de entusiasmo, pues había llegado el momento en que delante de todo el pueblo de Israel habría de pronunciar su oración. ¡Cuántas cosas para decir! La situación requería tranquilidad y silencio para poner en orden sus tumultuosos pensamientos, y en actitud de oración, el Espíritu Santo habrá inspirado al rey para que redactara la larga y meditada oración que hallamos en 2 Crónicas 6.

Muchos Salmos son plegarias que nacen de duras experiencias, y que para que resulten más expresivas, para que digan aún más de lo que podría expresar una prosa, fueron cuidadosamente redactados en forma poética. ¿Quién podría dudar que David sentía profunda angustia por el momento que le tocaba vivir cuando ora con las palabras del Salmo 3? ¿Quién pensaría que no era una oración espontánea, por más elaborada que fuera?

Al despertar aquella mañana triste tomó los elementos de escribir y redactó su acción de Gracias en las perfectas estrofas con los justos paralelismos de la poesía hebrea, que tan vivamente expresan sus sentimientos cuando huía de Absalón, el hijo que se había rebelado contra él.

En el Nuevo Testamento Pablo escribe muchas oraciones. Por supuesto, la oración de Jesús en Juan 17 está fuera de este criterio. El Espíritu Santo inspiró a Juan para que nos dejara este precioso documento. Los discípulos probablemente escucharon al Señor orando, y con la capacidad notable de memorización de las gentes en aquellos tiempos, y la obra del Espíritu obrando en la mente de Juan, la oración quedó impresa para que nos fuera reservada en forma escrita a los creyentes de la historia. La oración del Señor en Getsemaní, que registran los sinópticos, no fue escuchada por los discípulos, por lo tanto la habrán recibido directamente del Espíritu de Dios.

No obstante, Jesús dictó una oración y dijo: "Vosotros oraréis así: Padre nuestro que estás en el cielo…" Sin duda es una oración modelo que incluye los elementos de toda oración, como el espíritu de la oración. Pero que no excluye que oremos utilizando textualmente el contenido del Padrenuestro, si lo hacemos sintiendo vivamente cada frase que vamos pronunciando. Reconocemos que esto no es fácil, pues podemos caer en el rezo, en la recitación más o menos consciente del texto. Lo cual es estéril.

Pero también es estéril orar, si nuestra oración no incluye: "y perdónanos nuestras deudas, como también perdonamos nuestros a deudores". ¡Qué diferente sería la vida de nuestras iglesias si hubiéramos aprendido a orar todos los días con firme convicción esta petición! No habría resentimientos, enemistades, enojos, amarguras. No existiría soberbia y orgullo en los maestros, en los que presiden, en los pastores, en los ancianos, como en el más simple miembro de la Iglesia. Habría humildad, mansedumbre y sumisión los unos a los otros. Habría unidad y unanimidad de espíritu, porque habría perdón y generosidad. Lo que me ha hecho pensar a veces, si no sería saludable toda vez que oramos, repitiéramos muy lentamente y pensando concentradamente, las palabras del Padrenuestro; no sea que algo valioso de su contenido quedara fuera de nuestra oración.
De hecho, muchas veces escribo mis oraciones. Generalmente lo hago para concentrar mi pensamiento, y más de una vez he orado con intensidad mi oración escrita, para repetirla posteriormente en circunstancias especiales de mi vida espiritual. Como hoy, que lo hago para publicar mi oración ferviente en COMPROMISO cristiano.

SEÑOR  ¡ENSEÑAME A ORAR!
"¡Señor! por sobre todas las cosas que yo pudiera aprender sobre la oración, quisiera que tú me enseñaras a orar cada vez mejor. Te doy gracias por cuanto me has enseñado, y por lo que he logrado aprender y disfrutar orando. Pero me doy cuenta que la oración es la actividad más sublime del espíritu y desearía ejercitarme constantemente en ella".

"Enséñame a orar sin cesar. A vivir el día en una actitud continua de oración. Viajando esperando el turno en una cola, trabajando, compartiendo actividades con mis compañeros, conversando. Que orar sea para mí como respirar: una actividad que realizo naturalmente, y de la que soy conciente plenamente, sólo cuando debo realizar algún esfuerzo que me exige respirar profundamente. Que así, apenas a nivel de mi conciencia esté mi oración latente, para hacerse profunda al realizar alguna decisión, al rechazar alguna tentación, al encontrar algún momento para la meditación, al ser requerido para prestar un servicio. Sobre todo que tenga el valor de no rehuir responsabilidades. Y vivir todos los momentos con integridad.

"Enséñame también a concentrarme en la oración profunda. A orar sin prisa. A proyectarme hacia ti hasta disfrutar de la presencia tuya. A permitir que tú examines mi intimidad. Hazme sensible para percibir todo lo malo que hay en mí y pronto para buscar tu perdón. Haz que orando pueda entregarte mi vida y reconocerte Señor. Que con alegría pueda decir: venga tu Reino, hágase tu voluntad".

"Que aprenda a no enfadarme ni angustiarme por mis necesidades; que sepa confiar en tu amor y provisión milagrosa. Que mi oración sea intercesora, que recuerde a los míos, a mis hermanos en la fe, a mi prójimo. Que me hagas generoso con todos y que orando aprenda a perdonar y a pedir perdón. Que aprenda a amar a todos, aun a los antipáticos. Haz que encuentre en la oración fuerza y estímulo para ser útil, para servir, para recibir plenamente el Espíritu de Cristo. Que comprenda que la oración es la actitud que me librará del poder del diablo y que confiadamente aprenda a descansar en ti".

"¡Señor! también te ruego que me enseñes a orar en público. Que sienta en toda su importancia el valor de la oración comunitaria. Que me ejercite en este ministerio de tal manera que mi oración pública sea un vivo estimulante para mis hermanos, de tal manera que sepa impulsarlos hacia ti, para que mejoren con fervor y con alegría. Que ore con convicción, con espontaneidad contagiosa, con sinceridad, con sencillez".

"Y por sobre todas estas cosas, Padre, haz que yo ame cada vez más la oración. Que busque oportunidades para orar, y que ésto llegue a ser para mí un privilegio cada vez más hermoso. Que disfrute orando, ya sea en la actitud de la oración de todos los momentos de mi vida, como en la oración profunda en mi intimidad, o en la oración pública junto con mis hermanos".

"Te lo pido en el nombre del Señor Jesús que nos enseñó a llamarte Padre nuestro que estás en el cielo. Amén".

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