Señor, hoy he meditado en los días de mi vida,
en los años que me diste sobre la tierra.
He andado como un peregrino,
por caminos que me condujeron a
cumbres resplandecientes
y a oscuros valles de desolación y muerte.
Querido Padre, hoy he meditado en los días de mi vida,
¡reconozco con orgullo que he vivido!
No reniego del dolor que me tocó en suerte,
ni me aferro a esfumadas alegrías.
Jesús, hoy he meditado en los días de mi vida y
descubrí que Tú también eres caminante,
y encuentro que hemos recorrido juntos los caminos.
Conocimos montañas y valles
y juntos bebimos penas y alegrías.
Ricardo Zandrino
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Pentecostalismo

