MarÃa fue a ver a la Doña porque no le quedaba otra. El padre se lo habÃa dicho, ¡no te quiero ver con el Juan! Pero ella lo querÃa al Juan y vaya si lo querÃa que lo siguió viendo. A las escondidas, a las escapadas, con el miedo y el apuro de ser descubierta. “Si te veo con ese te mato”, “no ves que es un vago, vos dedÃcate a la casa, que acá hay bastante que hacer”.
Ella insistió en verlo. Juan le prometió llevarla con él, una casa linda, cocina y todo. Juan le prometió tantas cosas que ella no pudo hacer menos con él. Le dio lo que le pidió y se entregó a él como una ofrenda, con la esperanza de un futuro y de olvidar un pasado.
Cuando le dio la noticia, el Juan se quedó callado y forzó una sonrisa; ya hace tres meses que no lo encuentra al Juan, no sabe lo que le pasó, si se habrá ido o estará preso. Por eso, porque no le quedaba otra, MarÃa fue a ver a la Doña.
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