El hombre y la mujer en la redención
por RENÉ PADILLA
El Dr. René Padilla es uno de los teólogos más lúcidos y destacados de nuestra América Latina y un gran amigo y colaborador de la Fundación Escuela BÃblica Evangélica y de COMPROMISO Cristiano. Tenemos el privilegio de presentar parte de su artÃculo sobre “La relación hombre/mujer en la Biblia”.
La encarnación señala el advenimiento de una nueva era. Es la era del Reino de Dios, hecho presente en la persona de Jesucristo. Es la era del Nuevo Hombre, el segundo Adán por medio del cual Dios quiere restaurar el propósito inicial de la creación.
La obra de Jesucristo, cumplida en su muerte y resurrección, se dirige a la totalidad de la existencia humana. No tiene que ver exclusivamente con la salvación del alma en un futuro distante, ni se limita al aspecto religioso de la vida.
Toca al ser humano, hombre o mujer, en el centro mismo de su personalidad y transforma todas sus relaciones. Se orienta a la restauración de la imagen de Dios en el hombre. (1) Esta es la convicción que hace posible que el apóstol Pablo proclame la desaparición de las divisiones entre los seres humanos en el contexto de la nueva era: “Ya no hay judÃo ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).
La idea central es clara: la unidad de la humanidad, basada en la creación pero afectada por el pecado, ha sido restaurada por Jesucristo; por lo tanto, ya no tienen vigencia las divisiones raciales, sociales o sexuales que colocan a unos en rango de superioridad y a otros en rango de inferioridad.
El antecedente más importante para esta “Carta Magna de la humanidad”, como denomina Jewett (2) a Gálatas 3:28, es la actitud de Jesús hacia todas las personas que en su propia sociedad judÃa eran vÃctimas de discriminación y menosprecio, entre ellas las mujeres. Aquà no hay espacio para elaborar el tema.
Baste aquà decir que en su trato con las mujeres Jesús se atrevió a romper los cánones de su propia cultura y a reconocer la dignidad humana del sexo femenino de manera sorprendente.
No exagera Stott cuando afirma que “sin alharacas ni publicidad, Jesús acabó con la maldición de la caÃda, devolvió a la mujer la nobleza que habÃa perdido parcialmente, y restituyó en la nueva comunidad de su Reino la bendición original de la igualdad sexual” (3)
Indudablemente, Pablo capta el espÃritu revolucionario de Jesús en lo que atañe a la relación hombre/mujer cuando en Gálatas 3:28 propone una igualdad de los sexos que contrasta notablemente con las actitudes de menosprecio hacia la mujer tan en boga en su tiempo.
LeÃdo a la luz de la narración de la creación en Génesis 1, este pasaje muestra que en Jesucristo ha irrumpido en la historia una nueva humanidad en la cual es restaurada la Imago Dei. En el hombre que Dios creó a su imagen, según Génesis 1:27, no habÃa separación entre hombre y mujer: “Y creó Dios al Hombre a su imagen…varón y hembra los creó”.
En el Nuevo Hombre, según Gálatas 3:28, Dios ha reconstituido es unidad esencial de los sexos: “No hay varón ni mujer”. La base de la unidad es Cristo: en él -en virtud de su incorporación en el segundo Adán- los creyentes, judÃos o gentiles, esclavos o libres, varones o mujeres, forman una “personalidad corporativa” en la cual desaparecen las divisiones.
Hoy, veinte siglos después de que Pablo escribiera esas palabras, la unificación de los sexos (como la unificación de las razas y las clases sociales) realizada en Jesucristo está todavÃa por plasmarse en la historia. A pesar de la “revolución de la mujer” calificada por Jacques Leclerq como el “acontecimiento más importante de nuestro siglo” (4), en muchos lugares del mundo (incluyendo a la América Latina) la mujer sigue siendo considerada como un ser inferior al hombre. Frecuentemente, la Iglesia misma sirve como rémora en lo que atañe a la conquista de la igualdad de derechos para la mujer.
A partir de la obra unificadora de Jesucristo, los cristianos deberÃamos ser los primeros en comprender qua la construcción humana del futuro no puede ser tarea exclusiva de los hombres: requiere el aporte de hombres y mujeres por igual. Ni siquiera podemos conformarnos con una mera igualdad de derechos en el campo social, económico y polÃtico. Tenemos que ir más allá, hacia la meta de una sociedad en la cual hombres y mujeres luchen juntos por la justicia, la paz y la integridad de la creación.
Tomado de “Encuentro y Diálogo” N8
Publicado por ASIT (Recomendamos su lectura)
(1) Cf. Jorge León, La comunicación del Evangelio en el mundo actual, Ediciones Pleroma, Buenos Aires, 1974, cap.II, pp.31 ss.
(2) Paul K. Jewett, El Hombre como varón y hembra, Editorial Caribe, Miami, 1975, p.150.
(3) John Stott, La Fe Crsitiana frente a los desafÃos contemporáneos”, p.240.
(4) La mujer hoy y mañana, Ediciones SÃgueme, Salamanca, 1968, p.14.
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Sexualidad
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