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Pacto de Lausana

Los observadores de la situación del protestantismo a nivel
mundial consideran que el Pacto de Lausana es un documento miliar
en la reciente historia de la Iglesia. La contribución
latinoamericana al Congreso de Lausana (Julio de 1974), fue
canalizada especialmente por la Fraternidad Teológica, y el Pacto
refleja las inquietudes teológicas y misionales que brotan del
seno del pueblo evangélico latinoamericano.

INTRODUCCION
Como miembros de la Iglesia de Jesucristo provenientes de más de
150 naciones, que hemos participado en el Congreso Internacional
sobre Evangelización Mundial en Lausana, alabamos a Dios por Su
gran salvación y nos regocijamos en la comunión que nos ha dado
consigo mismo del uno con el otro. Nos sentimos profundamente
conmovidos por lo que Dios está haciendo en nuestros días,
impulsados al arrepentimiento por nuestros fracasos y desafiados
por la inconclusa tarea de evangelización. Creemos que el
Evangelio es la buena nueva de Dios para todo el mundo y estamos
decididos a obedecer por Su gracia la comisión de Cristo de
proclamarlo a toda la humanidad y a hacer discípulos de todas las
naciones. Deseamos, por lo tanto, afirmar nuestra fe y nuestra
resolución, y hacer público nuestro pacto.

1. EL PROPOSITO DE DIOS
Afirmamos nuestra fe en un solo Dios Eterno, como Creador y Señor
del mundo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que gobierna todas las
cosas según el propósito de Su voluntad. El ha estado llamando
del mundo un pueblo para Sí, y enviando a Su pueblo al mundo como
siervos y testigos Suyos, para la extensión de Su Reino, la
edificación del cuerpo de Cristo y la gloria de Su nombre.
Confesamos con vergüenza que a menudo hemos negado nuestro
llamamiento y fallado en nuestra misión conformándonos al mundo o
separándonos de El. Sin embargo, nos regocijamos de que, aunque
en vasos de barro, el Evangelio sigue siendo un precioso tesoro.
A la tarea de dar a conocer ese tesoro por el poder del Espíritu
Santo deseamos dedicarnos de nuevo. (Isa.40:28; Mat.28:19;
Ef.1:11; Hech.15:14; Juan 17:6; Ef.4:12; I Cor.5:10; Rom.12:2; II
Cor.4:7).

2. LA AUTORIDAD Y EL PODER DE LA BIBLIA
Afirmamos la divina inspiración, fidelidad y autoridad de las
Escrituras del Antiguo y el Nuevo Testamento, sin error en todo
lo que asevera, y la única norma infalible de fe y conducta.
Afirmamos también el poder de la Palabra de Dios para cumplir Su
Propósito de salvación, El mensaje de la Biblia se dirige a toda
la humanidad, puesto que la revelación de Dios en Cristo y en las
Escrituras es inalterable. Por medio de ella el Espíritu Santo
todavía habla hoy. El ilumina la mente del pueblo de Dios en cada
cultura para percibir la verdad nuevamente con sus propios ojos y así muestra a toda la iglesia más de la multiforme sabiduría de
Dios. (II Tim. 3:16; II Ped.1:21; Juan 10:35; Isa.55:11;
ICor.1:21; Rom.1:16; Mat.5:17,18; Judas 3; Ef.1:17; 18:3:10,18)

3. LA SINGULARIDAD Y LA UNIVERSALIDAD DE CRISTO
Afirmamos que hay un solo Salvador y un solo Evangelio, aunque existe una amplia diversidad de acercamiento a la evangelización. Reconocemos que todos los hombres tienen algún conocimiento de Dios por medio de Su revelación general en la naturaleza. Pero negamos que esto salve, puesto que el hombre reprime la verdad con su injusticia.

Rechazamos también como un insulto a Cristo y al Evangelio, toda
clase de sincretismo y diálogo que implique que Cristo habla
igualmente por medio de todas las religiones e ideologías.
Jesucristo, el Dios-hombre que se entregó a sí mismo como el
único rescate por los pecadores, es el único mediador entre Dios
y el hombre. No hay otro nombre en quien podamos ser salvos.
Todos los hombres perecen a causa del pecado, pero Dios ama a
todos los hombres y no desea que ninguno perezca, sino que todos
se arrepientan. Sin embargo, los que rechazan a Cristo repudian
el gozo de la salvación y se condenan a una eterna separación de
Dios. Proclamar a Jesús como “el Salvador del mundo” no es
afirmar que todos los hombres son salvos automática y finalmente,
y menos aún afirmar que todas las religiones ofrecen la salvación
en Cristo. Más bien es proclamar el amor de Dios al mundo de los
pecadores e invitar a todos los hombres a responder a El como
Salvador y Señor en la entrega personal y auténtica del
arrepentimiento y la fe. Jesucristo ha sido exaltado sobre todo
nombre; esperamos el día cuando toda rodilla se doble ante El y
toda lengua lo confiese como Señor. (Gál.1:6-9; Rom.1:18-32; I
Tim.2:5,6; Hech.4:12; Juan 3:16-19; II Ped.3:9; Tes.1:7-9; Juan
4:42; Mat.11:28; Ef.1:20; Fil.2:9-11).

4. NATURALEZA DE LA EVANGELIZACION
Evangelizar es difundir la buena nueva de que Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó de los muertos según las Escrituras, y que ahora como el Señor que reina ofrece el perdón de pecados y el don liberador del Espíritu a todos los que se arrepienten y creen. Nuestra presencia cristiana en el mundo es indispensable para la evangelización; tambien lo es un diálogo cuyo intento sea escuchar con sensibilidad a fin de comprender.
Pero la evangelización misma es la proclamación del Cristo histórico y bíblico como salvador y Señor, con la mira de persuadir a la gente a venir a El personalmente y reconciliarse con Dios. Al hacer la invitación del Evangelio no tenemos la libertad para ocultar o rebajar el costo del discipulado, Jesús todavía llama a todos los que quieren seguirlo a negarse a sí mismos, tomar su cruz e identificarse con su nueva comunidad. Los resultados de la evangelización incluyen a obediencia a Cristo, la incorporación en Su iglesia y el servicio responsable en el mundo. (I Cor.15:3,4; Hech.2:32-39; Juan 20:21; I Cor.1:23; II Cor.4,5; 5:11-20; Luc.14:25-33; Marc.8:34; Hech.2:40,47; Marc.10:43-45).

5. RESPONSABILIDAD SOCIAL CRISTIANA
Afirmamos que Dios es tanto el Creador como el Juez de todos los hombres. Por lo tanto debemos compartir su preocupación por la justicia y la reconciliación en toda la sociedad humana y por la liberación de todos los hombres de toda clase de opresión. La humanidad fue hecha a la imagen de Dios; consecuentemente, toda persona, sea cual sea su raza, religión, cultura, clase, sexo o edad, tiene una dignidad intrínseca a causa de la cual debe ser respetada y servida, no explotada. Expresamos, además nuestro arrepentimiento tanto por haber concebido a veces la evangelización y la preocupación social como cosas que se excluyen mutuamente.

Aunque la reconciliación con el hombre no es lo mismo que la reconciliación con Dios, ni el compromiso social es lo mismo que la evangelización, ni la liberación política es lo mismo que salvación, no obstante afirmamos que la evangelización y la acción social y política son parte de nuestro deber cristiano. Una y otra son expresiones necesarias de nuestra doctrina de Dios y del hombre, nuestro amor al prójimo y nuestra obediencia a Jesucristo. El mensaje de la salvación encierra también el mensaje de juicio de toda forma de alienación, opresión y discriminación, y no debemos temer el denunciar el mal y la injusticia dondequiera que estos existan. Cuando la gente recibe a Cristo, nace de nuevo, en Su reino y debe tratar de manifestar a la vez que difundir la justicia del mismo en medio de un mundo injusto. Si la salvación que decimos tener no nos transforma en la totalidad de nuestras responsabilidades, personales y sociales, no es la salvación de Dios. La fe sin obras es muerta.

(Hch. 17:26,31; Gén.18:25; Isa.1:17; Sal.47:5; Gén.1:26,27;
St.3:9; Lev.19:18; Luc.6:27-35; St.2:14-26; Juan 3:3; Mat.5:20;
6:33; II Cor.3:18; St.2:20).

6. LA IGLESIA Y LA EVANGELIZACION
Afirmamos que Cristo envía a los redimidos al mundo como el Padre lo envió a El y que esto exige una similar penetración profunda y costosa en el mundo. Necesitamos salir de nuestros ghettos eclesiásticos y permear la sociedad no cristiana. En la misión de la iglesia, que es misión de servicio sacrificado, la evangelización ocupa el primer lugar. La evangelización mundial requiere que toda la iglesia lleve todo el Evangelio a todo el mundo. La iglesia está en el corazón mismo del propósito cósmico de Dios y es el instrumento que El ha diseñado para la difusión del Evangelio.

Pero una iglesia que predica la cruz debe ella
misma estar marcada por la cruz. Se convierte en una piedra de
tropiezo para la evangelización cuando traiciona al Evangelio o
carece de una fe viva en Dios, un genuino amor a los hombres, o
una esmerada honradez en todas las cosas, incluyendo la promoción
y las finanzas. La iglesia es una comunidad del pueblo de Dios
más bien que una institución, y no debe identificarse con una
cultura, sistema social o político, o ideología humana
particular.
(Juan 17:18; 20:21; Mat.28:19,20; Hech/1:8; 20:27; Ef.1:9,10;
3:9-11; Gál.6:14,17; II Cor.6:3,4; II Tim.2:19-21; Fil.1:27).

7. COOPERACION EN LA EVANGELIZACION
Afirmamos que la unidad visible de la iglesia en la verdad es el propósito de Dios. La evangelización también nos invita a la unidad, puesto que la unidad fortalece nuestro testimonio, así como nuestra falta de unidad menoscaba nuestro evangelio de reconciliación. Reconocemos, sin embargo, que la unidad organizacional puede tomar muchas formas y no necesariamente sirve a la causa de la evangelización.

No obstante los que
compartimos la misma fe bíblica debemos estar estrechamente
unidos en comunión, trabajo y testimonio. Confesamos que nuestro
testimonio ha estado a veces marcado por un individualismo
pecaminoso y una duplicación innecesaria. Nos comprometemos a
buscar una unidad más profunda en la verdad, la adoración, la
santidad y la misión. Urge el desarrollo de una cooperación
regional y funcional para el avance de la misión de la iglesia,
el planeamiento estratégico, el ánimo mutuo y el compartir
recursos y experiencias.
(Juan 17:21,23; Ef.4:3,4; Juan 13:3,5; Fil.1:27; Juan 17:11-23).

8. LAS IGLESIAS Y EL COMPAÑERISMO EN LA EVANGELIZACION
Nos gozamos de que una nueva era misionera haya comenzado. El dominante papel de las misiones occidentales está desapareciendo rápidamente. Dios está levantando de las iglesias jóvenes, grandes y nuevos recursos para la evangelización mundial, y está demostrando así que la responsabilidad de evangelizar pertenece a todo el cuerpo de Cristo. Todas las iglesias por lo tanto deben preguntar a Dios y preguntarse a sí mismas lo que deben hacer para evangelizar su propia área y enviar misioneros a otras partes del mundo. La revaloración de nuestra responsabilidad y tareas misioneras debe ser contínua.

Así crecerá el compañerismo entre las iglesias y se manifestará
con mayor claridad el carácter universal de la iglesia de Cristo.
También damos gracias a Dios por todas las agencias que trabajan
en la traducción de la Biblia, la educación teológica, los medios
masivos de comunicación, la literatura cristiana, la
evangelización, las misiones, la renovación de la iglesia y otros
campos especializados. Estas deben empeñarse en una autocrítica
constante a fin de evaluar su efectividad como parte de la misión
de la iglesia.
(Rom.1:8; Fil.1:5; 4:15; Hech.13:1-3; I Tes.1:6-8).

9. LA URGENCIA DE LA TAREA DE EVANGELIZACION
Más de 2,700 millones de personas, es decir más de las dos terceras partes de la humanidad, no han sido evangelizadas todavía. Nos avergonzamos de que tantas hayan sido descuidadas; esto es un continuo reproche para nosotros y toda la iglesia. Hoy, sin embargo en muchas partes del mundo, hay una receptividad sin precedentes frente al Señor Jesucristo. Estamos convencidos de que es el momento de que las iglesias y las agencias para eclesiásticas oren fervientemente por la salvación de los inconversos e inicien nuevos esfuerzos para realizar la evangelización del mundo.

La reducción del número de misioneros y de fondos procedentes del exterior puede ser a veces necesaria a fin de facilitar en un país no evangelizado el crecimiento de la iglesia nacional en autoconfianza y para desplazar recursos a otras áreas no evangelizadas. Debe haber un libre intercambio de misioneros de todos los continentes a todos los continentes en un espíritu de servicio humilde. La meta debe ser, por todos los medios disponibles y en el más corto plazo posible, que toda persona tenga la oportunidad de escuchar, entender y recibir la buena nueva. No podemos esperar alcanzar esta meta sin sacrificio.

Todos nos sentimos sacudidos por la pobreza de millones de personas y perturbados por las injusticias que la causan. Los que vivimos en situaciones de riqueza aceptamos nuestro deber de desarrollar un estilo de vida simple a fin de contribuir más generosamente tanto a la ayuda material como a la evangelización.

(Juan 9:4; Mat.9:35-38; Rom.9:1-3; I Cor.9:19-23; Mar.16:15;
Isa.58:6,7; St.1:27; 2:1-9; Mat.25:31-46; Hech.2:44,45; 4:34,35).

10. EVANGELIZACION Y CULTURA
El desarrollo de estrategias para la evangelización mundial requiere imaginación en el uso de métodos. Bajo Dios, el resultado será el surgimiento de iglesias enraizadas en Cristo y estrechamente vinculada a la cultura. La cultura siempre debe ser probada y juzgada por las Escrituras. Por que el hombre es una criatura de Dios, algunos de los elementos de su cultura está macillada por el pecado y algunos de sus aspectos son demoníacos. El Evangelio no presupone la superioridad de una cultura sobre otra, sino que evalúa a todas las culturas según sus propios criterios de verdad y justicia e insiste en principios morales absolutos en cada cultura.

Las misiones con mucha frecuencia han
exportado una cultura extraña junto con el Evangelio y las
iglesias han estado a veces esclavizadas a la cultura más bien
que a las Escrituras. Los evangelistas de Cristo deben tratar
humildemente de vaciarse de todo excepto de su autenticidad
personal a fin de ser siervos de los demás, y las iglesias deben
tratar de transformar y enriquecer su cultura, todo para gloria
de Dios.
(Marc.7:8,9,13; Gén.4:21,22; I Cor.9:19-23; Fil.2:5-7; II Cor.4:5).

11. EDUCACION Y LIDERAZGO
Confesamos que a veces hemos buscado un crecimiento de la iglesia
a costa de la profundidad de la iglesia y hemos divorciado la
evangelización del crecimiento cristiano. Reconocemos también que
algunas de nuestras misiones han sido muy lentas en cuanto a
equipar y animar a los líderes nacionales para que asuman las
responsabilidades a que tienen derecho. Sin embargo aceptamos los
principios de autoctonía y anhelamos que cada iglesia tenga
líderes nacionales que manifiesten un estilo cristiano de
liderazgo, no en términos de dominio sino de servicio.
Reconocemos que no hay mucha necesidad de mejorar la educación
teológica, especialmente para los líderes de la iglesia. En cada
nación y cultura debe haber un programa efectivo de entrenamiento
para pastores y laicos en doctrina, discipulado, evangelización,
crecimiento y servicio. Tales programas de entrenamiento no deben
depender de una metodología estereotipada sino que deben desarrollarse según iniciativas locales creadoras en conformidad
con las normas bíblicas.
(Col.1:27,28; Hech.14:23; Tit.1:5,9; Marc.10:42-45; Ef.4:11-12).

12. CONFLICTO ESPIRITUAL
Creemos que estamos empeñados en un constante batallar espiritual contra los principados y potestades del mal, que tratan de destruir a la iglesia y frustrar su tarea de evangelización mundial. Conocemos nuestra necesidad de tomar toda la armadura de Dios y pelear esta batalla con las armas espirituales de la verdad y la oración, ya que percibimos la actividad de nuestro enemigo, no sólo en las falsas ideologías fuera de la iglesia, sino también dentro de ella en los evangelios falsos que tergiversan las Escrituras y colocan al hombre en el lugar de Dios. Necesitamos vigilancia y discernimiento para salvaguardar el evangelio bíblico. Reconocemos que nosotros mismos no estamos inmunes a la mundanalidad en el pensamiento y la acción, es decir, a una contemporización con el secularismo. Por ejemplo, aunque los estudios del crecimiento de la iglesia tanto numérico como espiritual tienen su lugar y valor cuando se hacen con cuidado, a veces los hemos descuidado. Otras veces, en el deseo de asegurar una respuesta al Evangelio, hemos acomodado nuestro mensaje, hemos manipulado al oyente por medio de técnicas de presión y nos hemos preocupado demasiado por las estadísticas y hasta hemos sido deshonestos en el uso que hemos hecho de ellas. Todo esto es mundanal. La iglesia debe estar en el mundo, pero no el mundo en la iglesia.

(Ef.6:11,12,13-18; II Cor.4:3,4; II Cor.10:3-5; I Juan 2:18-26;
4:1-3; Gál.1:6-9; II Cor.2:17; 4:2; Juan 17:15)

13. LIBERTAD Y PERSECUCION
Es un deber señalado por Dios que todo gobierno debe asegurar las condiciones de paz, justicia y libertad en las cuales la iglesia pueda obedecer a Dios, servir al Señor Jesucristo, y predicar el Evangelio sin impedimiento. Por lo tanto, oramos por los líderes nacionales y les hacemos un llamado para que garanticen la libertad de pensamiento y conciencia, y la libertad de practicar y propagar la religión de acuerdo a la voluntad de Dios y en los términos establecidos por la Declaración de los Derechos del Hombre. Expresamos también nuestra preocupación profunda por quienes sufren prisión injustamente, especialmente por nuestros hermanos que sufren por el testimonio de Jesús. Prometemos predicar y actuar en pro de su libertad. Al mismo tiempo, no nos dejaremos intimidar por lo que les suceda a ellos. Con la ayuda de Dios, también nosotros procuraremos mantenernos firmes contra la injusticia y permanecer fieles al Evangelio cualquiera sea el costo. No olvidamos la advertencia de Jesús de que la persecución es inevitable.

(I Tim.1:1-4; Hech.4:19; 5:29; Col.3:24; Hech.13:1-3; Luc.4:18; Gál.5:11; 6:12; Mat.5:10-12; Juan 15:18-21).

14. EL PODER DEL ESPIRITU SANTO
Creemos en el poder del Espíritu Santo. El Padre envió a Su Espíritu para dar testimonio de Su Hijo; sin el testimonio de El nuestro testimonio es vano. La convicción de pecado, la fe en Cristo, el nuevo nacimiento y el crecimiento cristiano, son todos obra suya. Más aún, el Espíritu Santo es un Espíritu misionero, y por ello la evangelización debiera brotar espontáneamente de una iglesia que esté llena del Espíritu. La iglesia que no es misionera es en sí misma una contradicción, y apaga el Espíritu. La evangelización mundial será una posibilidad realista sólo cuando el Espíritu renueve a la iglesia en sabiduría, fe, santidad, amor y poder. Por lo tanto hacemos un llamado a todos los cristianos para que oren a fin de que venga una visitación del Espíritu de Dios de modo que todo su fruto se vea en Su pueblo, y que todos sus dones enriquezcan al cuerpo de Cristo. Solo entonces la iglesia toda llegará a ser instrumento adecuado en Sus manos, para que el mundo entero oiga la voz de Dios.

(I Cor.2:4; Juan 15:26,27; 16:8-11; I Cor.12:3; Juan 3:6-8; II
Cor.3:18; Juan 7:37-39; I Tes.5:19; Hech.1:8; Sal.85:4-7; 67:1-3;
Gal.5:22,23; I Cor.12:4-31; Rom.12:3-8).

15. LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

Creemos que el Señor Jesucristo regresará en forma personal y visible, en poder y gloria, para consumar Su salvación y Su juicio. Esta promesa de Su venida nos impulsa poderosamente a evangelizar, porque recordamos Sus palabras de que es necesario que el Evangelio sea predicado antes a todas las naciones. Creemos que en el período que media entre la ascensión de Cristo y Su segunda venida, la misión del pueblo de Dios tendrá que completarse y que no podemos detenernos antes del fin. También recordamos su advertencia de que surgirá falsos profetas y falsos Cristos como precursores del Anticristo final. Por lo tanto, rechazamos como un sueño autosuficiente y arrogante la idea de que el hombre podrá construir una utopía en la tierra. Nuestra confianza cristiana es que Dios perfeccionará Su Reino, y esperaremos con gran expectativa ese día y los nuevos cielos y nueva tierra en los cuales morará la justicia y Dios reinará para siempre. Entre tanto, nos dedicaremos de nuevo al servicio de Cristo y de los hombres, sometiéndonos gozosamente a Su autoridad sobre la totalidad de nuestras vidas.

(Marc.14:62; Hech.9:28; Marc.13:10; Hech.1:8-11; Mat.28:20; Marc.13:21-23; Juan 2:18; 4:1-3; Luc.12:32; Apoc.21:1-5; II Ped.3:13; Mat.28:18).

CONCLUSION
Por lo tanto, teniendo en cuenta nuestra fe y nuestra resolución, hacemos pacto solemne con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos de orar, planear y trabajar juntos para la evangelización de todo el mundo. Hacemos un llamado a cuantos quieran unirse a nosotros. ¡Qué Dios nos ayude por Su gracia y para Su gloria a ser fieles a este pacto! Amén, ¡Aleluya!

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